Los pueblos originarios de la Amazonía han declarado el estado de emergencia de su territorio ante el avance del narcotráfico, la expansión petrolera y la pasividad de los Estados.
Los incendios silenciosos son aquellos que no alcanzan una repercusión mediática. Esto supone un grave problema porque el fuego sigue arrasando millones de hectáreas y la biodiversidad está siendo fulminada.