El martes 9 de diciembre de 2025, un terremoto de gran magnitud sacudió el norte de Japón, especialmente las prefecturas de Hokkaido y Aomori, y activó la alerta por tsunami.
Una investigación liderada por la Universidad de Stanford reveló que los terremotos en las profundidades del Océano Antártico pueden provocar enormes floraciones de fitoplancton en la superficie.
Es posible que los animales pueden reaccionar segundos antes de un terremoto, detectando señales físicas muy tempranas, como las ondas sísmicas iniciales, y reaccionen segundos antes del temblor.
Un terremoto de magnitud 8,8 frente a la península de Kamchatka, Rusia, generó alertas de tsunami en varios países del Océano Pacífico, incluyendo Japón, Hawái, Alaska, Canadá y América Latina.
En Myanmar la población afectada por el seísmo se encuentra en una situación crítica, ya que las necesidades humanitarias son mayores que los recursos, según denunciaron ONGs del Comité de Emergencia Español.
Después de un año de los devastadores terremotos en el sur de Turquía y el norte de Siria, miles de familias continúan viviendo en asentamientos temporales enfrentando desafíos como la falta de agua y otros bienes de primera necesidad.