Así era la cirugía antes de que existiera la anestesia

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HISTORIA BUCODENTAL

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Hoy en día no concebimos ser sometido a una operación quirúrgica sin anestesia. Pero tenemos que destacar, que los agentes anestésicos comunes en la actualidad son una invención relativamente recientes.

Hasta mediados del siglo XIX, la cirugía sin anestesia tal y como la conocemos ahora era lo habitual. Claro que los conocimientos sobre medicina en general eran bastante más limitados antes.

Por aquel entonces, un buen número de técnicas y prácticas se han demostrado con posterioridad como inútiles o dañinas, pero emplearlas eran comunes. A todo eso se le suma el aspecto de la higiene, cosa que se dejaba muy al margen.

Todo esto da la explicación de porqué los hospitales presentaban tasas de mortalidad superiores al 25%. "Ninguno de los descubrimientos relacionados en el campo de la medicina ha demostrado ser más beneficioso para los seres humanos que la anestesia", explica a 20Minutos Fernando Gilsanz, catedrático de Anestesia-Reanimación y profesor emérito de la Universidad Autónoma de Madrid.

Gracias a la aparición de la anestesia, la cirugía "ha podido llevar a cabo progresos superiores en el siglo XX y principios del XXI que en los milenios precedentes"

Pero la falta de conocimiento no quiere decir que médicos y cirujanos no buscasen soluciones para poder operar. La historia de la búsqueda de la anestesia se remonta a los orígenes de las civilizaciones humanas.

Según los historiadores, antes del año 3.000 a.C, en La India, China y Persia se dan las primeras evidencias del empleo del alcohol y el opio para evitar o reducir el dolor.

Las esponjas somníferas eran una preparación frecuente. Se empapaban con jugos de plantas que contienen propiedades hipnóticas como un método de anestesia inhalatoria. Se aplicaba sobre la nariz y la boca del enfermo y se quedaba dormido en varias inhalaciones. En la Escuela de Salerno durante el siglo XII los textos científicos muestran el uso de estas fórmulas.

"En las Escuelas de Montpelier, Bolonia y Padua en el siglo XIII se siguió usando el opio, la mandrágora, y más, sin embargo, el uso de las mismas fue decreciendo con los años. Las posibles explicaciones para su desaparición son que eran ineficaces o que estos métodos fueron perseguidos por la Inquisición porque se utilizaban en la práctica de la magia", explicó Gilsanz.

Algunos otros métodos eran bastante "bestias"

A parte del empleo de las sustancias antes mencionadas, coexistieron otros métodos, que fueron muy populares pero que no eran del todo recomendables, por su brutalidad.

En la Italia del siglo XVII, era frecuente la anestesia por hipoxia cerebral. Esto se lograba mediante el empleo de una arriesgada práctica, que consistía en apretar el cuello del paciente hasta que perdía el sentido.

Cien años más tarde, en Inglaterra, el cirujano John Hunter experimentó con la compresión o sección de raíces nerviosas, así conseguía el mismo efecto que cuando se nos 'duerme' una extremidad. También la aplicación de frío era vista como una interesante posibilidad.

Y otro de los métodos empleados de anestesia, un tanto bruto, era el de golpear la cabeza, para dejar noqueado al paciente.

Durante el siglo XVIII, Joseph Priestly comenzó a sintetizar el óxido nitroso. Fue en 1773 cuando se inicia el camino a la anestesia moderna, según Gilsanz

Posteriormente, Humphry Davis se realizó auto-experimentos en sí mismo, y así pudo comunicar sus efectos analgésicos. Aún así, a comienzos del siglo XIX aún se operaba con el paciente consciente y con dolores que provocaban gritos terribles. El único alivio era un objeto para poder morder, combinados con tragos de vino y whisky.

La higiene era algo inimaginable. En muchas ocasiones se operaba en público, en salas semicirculares a las que podían acudir otros cirujanos y estudiantes. Se podía fumar durante el proceso. En el suelo se echaba serrín para absorber los fluidos.

Solamente las clases más pudientes podían escoger operarse en casa, donde era privado y contaban con una higiene mucho más adecuada que si lo hacían en público.

Al no prestar atención a la higiene, se desconocían las causas y el origen de las infecciones, por lo que se ignoraba y no se consideraba necesaria para operar.

La mesa de operaciones era de madera, y solía permanecer manchada de sangre y de vísceras del paciente anterior. Así como se consideraba que el cirujano que tenía el delantal más sucio era el que mejor reputación tenía. Pues las manchas indicaban una abundante actividad profesional.

Por otro lado, las herramientas solo se limpiaban con agua y un trapo, y solamente después del procedimiento.

Operar más rápido para ser el cirujano más reputado y que el paciente pudiera sobrevivir

Ante la ausencia de anestesia, fue el tiempo el que se convirtió en el factor principal durante una operación y para reducir la tasa de mortalidad.

El cirujano escocés Robert Liston, fue famoso por ser "el cuchillo más rápido del West End". Se dice que podía amputar una pierna en apenas dos minutos y medio, y un brazo en la impresionante marca de 28 segundos.

Eso sí, esta "prisa" causo accidentes. En una ocasión, tratando de amputar una pierna Liston le cortó un testículo a su paciente. Y en otra, le seccionó los dedos al asistente que sujetaba al paciente.

Pero Robert Liston tenía muy buena reputación. Con su rápidez conseguía salvar cerca del 90% de sus pacientes, un porcentaje mucho mayor del común en su profesión, y era conocido como un hombre atento, cariñoso y de inquebrantables valores morales.

Fue en 1846, cuando Liston se convirtió en un pionero en Europa con respecto al uso de la anestesia, operando a un paciente al que administró éter.

La importancia de la anestesia

"Es fácil comprender la nocividad de no suprimir el dolor durante una cirugía", explica Gilsanz. "Los enfermos no deben tener dolor nunca, ni en la cirugía ni en procedimientos diagnósticos y/o terapéuticos".

De hecho, lograr la supresión del dolor abrió las puertas a grandes avances de la ciencia médica: "El progreso de la cirugía no se habría realizado sin los anestesiólogos ni sin los adelantos en las técnicas anestésicas".

Esto es porque, según Gilsanz, "un anestésico general es un fármaco que suprime la respuesta del organismo ante un estímulo quirúrgico (nocivo). La respuesta del organismo ante este tipo de estímulos (cirugía, incisión de la piel, etc) tiene dos componentes: somático (que incluye la respuesta sensorial, es decir, la percepción del dolor, y motora, el movimiento de retirada ante el estímulo doloroso) y autonómico".

Este último incluiría: "la modificación de la respiración taquipnea (aumento de la frecuencia respiratoria), la respuesta hemodinámica (taquicardia e hipertensión arterial), la respuesta sudomotora (sudoración, piloerección, lagrimeo, etc) y una respuesta hormonal al estrés (aumento de las catecolaminas, cortisol, interleucinas)".

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