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El embarazo es una etapa de transformación profunda que genera múltiples interrogantes, especialmente en lo que respecta al mantenimiento de los hábitos saludables. Una de las dudas más recurrentes en las consultas de ginecología es si se debe interrumpir la actividad física o si, por el contrario, es beneficioso continuar con el entrenamiento. La respuesta de los expertos es clara: el ejercicio no solo es posible, sino que es altamente recomendable, siempre que se sigan pautas específicas y se escuche al propio cuerpo.
Mantenerse activa ayuda a controlar el aumento de peso, mejora el estado de ánimo y prepara el cuerpo para el esfuerzo físico que supone el alumbramiento. Sin embargo, no se trata de entrenar a cualquier precio, sino de entender que el deporte durante el embarazo debe ser una herramienta de bienestar y no una fuente de estrés adicional para el organismo.
Adaptación y sentido común en el deporte durante el embarazo
La clave para una práctica segura reside en la adaptación. Según explica la doctora Solanye Navas, especialista en Ginecología y Obstetricia del Hospital Quirónsalud Murcia, el sentido común debe ser la guía principal. Si una mujer ya realizaba actividad física de forma regular, puede continuar con su rutina ajustando la intensidad. Por el contrario, si nunca se ha practicado ejercicio, no es el momento de comenzar con disciplinas exigentes, sino de iniciar una actividad leve y progresiva.
No obstante, existen limitaciones médicas que no se pueden ignorar. Factores como alteraciones estructurales de la pelvis, placenta previa o antecedentes de hemorragias uterinas son motivos claros para restringir el deporte durante el embarazo. En estos casos de riesgo, la supervisión del ginecólogo es obligatoria para evitar complicaciones que pongan en peligro la gestación.
Los beneficios de practicar deporte durante el embarazo: fuerza y respiración
El objetivo prioritario de mantenerse activa en estos meses es conservar un buen tono muscular y optimizar la capacidad respiratoria. Para lograrlo, los especialistas sugieren actividades de bajo impacto. La natación, el yoga y el pilates adaptado son excelentes opciones de deporte durante el embarazo, ya que permiten trabajar la fuerza mediante ejercicios isométricos sin sobrecargar las articulaciones ni someter al feto a impactos bruscos.
Por el lado opuesto, conviene alejarse de actividades que impliquen levantamiento de grandes pesos o que conlleven riesgo de caídas. Deportes como el ciclismo de montaña o el esquí deben pausarse, ya que el cambio en el centro de gravedad de la mujer aumenta la inestabilidad. Un enfoque equilibrado en el deporte garantiza que la madre llegue al momento del parto con una masa muscular saludable y una resistencia cardiovascular adecuada.
El papel del suelo pélvico y la recuperación posparto
Un aspecto que a menudo se olvida al hablar de deporte durante el embarazo es la importancia del suelo pélvico. Este conjunto de músculos sostiene los órganos abdominales y sufre una gran presión durante el crecimiento del bebé. Realizar ejercicios específicos, como los de Kegel, bajo la supervisión de un fisioterapeuta, permite un mejor control durante la fase expulsiva del parto y previene desgarros o complicaciones posteriores.
Una vez nacido el bebé, surge la duda de cuándo retomar la actividad normal. Si el parto fue vaginal y sin complicaciones, se puede volver al deporte durante el embarazo —ahora ya en etapa de posparto— a las tres o cuatro semanas. Si hubo cesárea, el tiempo de espera se alarga hasta las seis u ocho semanas. Es vital comenzar caminando y fortalecer nuevamente el suelo pélvico para evitar prolapsos o pérdidas de orina.
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