Haru Oni: el proyecto que convierte electrones en moléculas de e-fuel

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07/01/2026 - 12:00
Planya de Haru Oni.

Lectura fácil

En la carrera global por la descarbonización, el gran escollo no son los coches particulares, que tienen una ruta clara hacia la electrificación con baterías. El verdadero desafío reside en los llamados "sectores difíciles de abatir": la aviación, el transporte marítimo y la industria pesada. Para mover un avión transoceánico o un buque portacontenedores, las baterías actuales no son una opción viable. Es aquí donde entra en juego una tecnología revolucionaria que busca crear combustibles líquidos sin usar petróleo: los e-fuels o combustibles sintéticos.

En el corazón de la Patagonia chilena, azotada por vientos constantes y poderosos, un proyecto llamado Haru Oni se ha convertido en el faro de esta nueva industria. Liderado por el consorcio HIF (Highly Innovative Fuels) y con socios estratégicos como Porsche y Siemens Energy, Haru Oni es la materialización del concepto "de electrones a moléculas": el arte de capturar energía renovable pura y almacenarla en forma de un combustible líquido que podemos usar en los motores actuales.

¿Por qué en la Patagonia? El ingrediente secreto es el viento

Para fabricar combustibles sintéticos de forma limpia, el ingrediente principal es una cantidad masiva de energía renovable barata y constante. Y pocos lugares en el mundo pueden competir con los vientos de la región de Magallanes, en el sur de Chile.

Estos vientos, que soplan de forma fiable durante la mayor parte del año, son los que proporcionan los "electrones" del proceso. La planta de Haru Oni utiliza una potente turbina eólica para generar electricidad limpia que alimenta todo el sistema.

El proceso "Power-to-Liquid" (PtL): fabricando combustible del aire

El viaje "de electrones a moléculas" es una proeza de la ingeniería química que se divide en varios pasos cruciales:

  1. Generación de Electrones (Energía Eólica): Una turbina eólica captura la energía del viento y la convierte en electricidad verde.
  2. Producción de Hidrógeno Verde (H₂): Esa electricidad alimenta un electrolizador (en este caso, de Siemens Energy). El electrolizador aplica un proceso llamado electrólisis, que rompe las moléculas de agua (H₂O) del entorno, separándolas en oxígeno (O₂) y hidrógeno verde (H₂).
  3. Captura de Carbono (CO₂): Para crear un hidrocarburo (como la gasolina), se necesita carbono. La planta de Haru Oni utiliza la Captura Directa de Aire (DAC), una tecnología que filtra el aire de la atmósfera y extrae el CO₂.
  4. Síntesis de Moléculas (Metanol): En un reactor de síntesis, se combinan el hidrógeno verde (H₂) y el dióxido de carbono (CO₂) capturado. Esta reacción produce metanol sintético (e-metanol), un alcohol líquido que ya es un combustible en sí mismo.
  5. Refinamiento (e-Gasolina): El e-metanol se somete a un proceso final de refinamiento (MtG - Methanol to Gasoline) que lo transforma en e-gasolina. Este producto final es químicamente casi idéntico a la gasolina tradicional, pero con una diferencia vital: es neutra en carbono.

¿Por qué es neutra en carbono?

El e-fuel producido en Haru Oni se considera neutro en carbono porque el CO₂ que se libera al quemarlo en un motor es el mismo CO₂ que se capturó previamente de la atmósfera para fabricarlo. No añade nuevo carbono fósil al ciclo; simplemente recicla el que ya existe.

El proyecto Haru Oni no es solo un experimento científico; es una apuesta estratégica con grandes nombres detrás.

  • HIF Global: Es el desarrollador principal, buscando crear una nueva industria global de e-fuels con base en Chile.
  • Porsche: El fabricante de coches de lujo es un socio clave. ¿Por qué? Porsche ve los e-fuels como la única forma de mantener vivo su legado de coches con motor de combustión (como el icónico 911) en un futuro descarbonizado. Su objetivo es usar esta gasolina sintética en sus vehículos de competición (Porsche Supercup) y, eventualmente, en sus coches de calle.
  • Siemens Energy: Aporta la tecnología de electrólisis, crucial para la producción del hidrógeno verde.

La eficiencia frente a la necesidad

A pesar de su potencial, la tecnología "de electrones a moléculas" enfrenta dos grandes desafíos: la eficiencia y el coste.

El proceso es extremadamente ineficiente energéticamente. Se pierde una gran cantidad de energía en cada paso de la conversión (del viento a la electricidad, de la electricidad al hidrógeno, del hidrógeno al metanol, y del metanol a la gasolina). Algunos estudios sugieren que la eficiencia total "del viento a la rueda" es inferior al 15-20 %, mucho menor que la de un coche eléctrico de batería (que supera el 70 %).

Esta baja eficiencia hace que el coste de producción sea, por ahora, astronómico. El e-fuel de Haru Oni es significativamente más caro que la gasolina fósil.

Sin embargo, los defensores de Haru Oni argumentan que la eficiencia no es el único factor. Esta tecnología no está pensada para competir con las baterías en los coches urbanos, sino para solucionar un problema que las baterías no pueden resolver. La densidad energética de un combustible líquido es insuperable. Un avión no puede cruzar el Atlántico con baterías, pero sí con e-keroseno (queroseno sintético) fabricado con esta misma tecnología.

El proyecto es, por tanto, un paso crucial. Es el laboratorio del mundo real que demostrará si la producción de e-fuels puede escalarse, si sus costes pueden reducirse y si realmente puede convertirse en la solución para descarbonizar la aviación, el transporte marítimo y nichos de transporte terrestre que se resisten a la electrificación. La transformación de electrones en moléculas es el primer paso hacia un futuro donde los combustibles líquidos y la neutralidad de carbono puedan, por fin, ir de la mano.

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