La psicología detrás de los Reyes Magos, ¿es bueno mantener la ilusión?

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08/01/2026 - 11:30
Los tres Reyes Magos de Playmobil

Lectura fácil

En España y en gran parte de la cultura hispana, la noche del 5 de enero no es una noche cualquiera. Es un fenómeno sociológico y emocional que paraliza el país y acelera el pulso de los más pequeños. Mientras los adultos ven un despliegue logístico de regalos y compras de última hora, para los niños, la llegada de Melchor, Gaspar y Baltasar es la culminación de una narrativa mágica que han construido durante semanas. Lejos de ser una simple tradición consumista, los expertos en psicología infantil coinciden en que la figura de los Reyes Magos tiene un impacto emocional y simbólico profundo que contribuye positivamente al desarrollo cognitivo y afectivo de los menores.

Esta tradición actúa como un vehículo para el "pensamiento mágico", una etapa natural y necesaria en la infancia (generalmente entre los 2 y los 7 años) donde la fantasía y la realidad se entrelazan para ayudar al niño a comprender el mundo. No se trata de un engaño, sino de un lenguaje compartido de asombro que permite a los niños ensayar emociones complejas en un entorno seguro.

La ilusión como escuela de paciencia y empatía

Uno de los valores más tangibles que enseñan los Reyes Magos es la demora de la gratificación. En una sociedad acostumbrada a la inmediatez del "clic" y la entrega en 24 horas, la Navidad propone un ejercicio de espera prolongada. El niño desea algo, lo escribe en una carta, y debe esperar semanas, comportándose de cierta manera y gestionando su ansiedad, hasta que la recompensa llega. Esta espera activa es fundamental para el desarrollo del autocontrol y la tolerancia a la frustración.

Además, el ritual de la carta invita a la reflexión y, en muchos casos, a la empatía. Aunque el foco inicial es el "yo quiero", cada vez más familias y escuelas fomentan que los niños pidan también deseos inmateriales o regalos para otros (hermanos, abuelos o niños desfavorecidos). Este ejercicio ayuda a descentrar al niño de su propio ego y a entender el regalo no solo como un objeto a recibir, sino como un acto de amor hacia los demás. La figura de los Reyes Magos, que viajan desde lejos para adorar y regalar, es en sí misma una lección de generosidad sin esperar nada a cambio.

Los rituales compartidos: el cemento de la familia

El impacto emocional de esta fiesta reside en los rituales compartidos. La visita a la Cabalgata, dejar los zapatos limpios bajo el árbol, preparar leche y galletas para los Reyes Magos y agua para los camellos... Estas pequeñas ceremonias son las que se graban en la memoria a largo plazo.

Psicológicamente, estos ritos fortalecen el sentido de pertenencia y seguridad. El niño siente que forma parte de algo más grande que él mismo, una historia en la que toda su familia (y la sociedad entera) participa. La complicidad de los padres, que "ayudan" a los Reyes Magos, crea un clima de intimidad y juego en el hogar. Es una de las pocas ocasiones en el año donde el juego y la fantasía son validados y celebrados por el mundo adulto, lo que refuerza la autoestima del niño y su confianza en el entorno familiar.

La transición de la magia al amor real

Inevitablemente, llega el momento en que la lógica se impone y el niño descubre la verdad o empieza a hacer preguntas incómodas. Lejos de ser un trauma, los psicólogos señalan que este hito marca un paso importante en la madurez intelectual. Es el fin de la etapa del pensamiento mágico y el inicio del pensamiento lógico-deductivo.

El impacto simbólico aquí se transforma. Si se gestiona bien, el descubrimiento no supone una ruptura de confianza ("me habéis mentido"), sino una iniciación en el "club de los adultos". El niño deja de ser un receptor pasivo de la magia para convertirse en un creador activo de la misma. Entiende que los Reyes Magos no son seres sobrenaturales, sino una representación simbólica del amor incondicional de sus padres. Al invitarles a ser "cómplices" de la ilusión para hermanos menores o primos, se les otorga una nueva responsabilidad y se mantiene vivo el espíritu de la fiesta, transformando la ilusión infantil en la satisfacción adulta de regalar y hacer felices a los demás.

En definitiva, los Reyes Magos son mucho más que tres figuras en camello cargadas de juguetes. Son una herramienta cultural de primer orden para educar en la esperanza, fortalecer los lazos familiares y mantener viva la capacidad de asombro, algo que, como adultos, a menudo necesitamos recuperar tanto o más que los propios niños.

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