Acompañar a los menores en el uso de su primer móvil es clave para su seguridad digital

EmailFacebookTwitterLinkedinPinterest
07/01/2026 - 19:00
Recomendaciones para los móviles en niños

Lectura fácil

Cada vez más niños y niñas reciben su primer teléfono móvil a edades más tempranas, especialmente al iniciar la Educación Secundaria. En muchas familias, el día de los Reyes Magos se convierte en el momento elegido para regalar el primer móvil. Aunque es percibido como una herramienta de comunicación y seguridad, este primer dispositivo también plantea importantes retos educativos y de acompañamiento, que hacen necesario reflexionar y prepararse antes de dar el paso.

Todo lo que debes saber antes de regalar el primer móvil

La revista Consumer informa de que su uso sin acompañamiento conlleva riesgos como la exposición a contenidos inapropiados, el ciberacoso o la pérdida de privacidad. Por ello, antes de entregar un primer móvil, es clave establecer normas claras y educar en un uso responsable. Con el apoyo de la guía Más que un móvil, de la Agencia Española de Protección de Datos y Unicef, repasamos las principales recomendaciones para acompañar a los menores en sus primeros pasos digitales de forma segura y saludable.

  • Elegir el momento adecuado: tener un teléfono no depende solo de la edad. Muchos menores aún no están preparados para asumir esa responsabilidad. Antes de entregárselo, es importante valorar su madurez y su capacidad para cumplir normas y gestionar el tiempo. Aunque los menores se familiarizan con la tecnología desde muy pequeños, no siempre son conscientes de los riesgos que implica su uso. Ahora bien, la madurez digital también se desarrolla con la compañía y la práctica guiada, de ahí que la familia debe sostener este proceso.
  • Introducir de forma progresiva: hay que comenzar únicamente con las funciones básicas, como llamadas y mensajes, y añadir progresivamente aplicaciones o redes sociales. De este modo, el menor podrá familiarizarse, desarrollando un uso consciente y responsable. Al principio, es útil apoyarse en herramientas de control parental, aunque conviene recordar que la supervisión más eficaz es la que se ejerce de forma directa.
  • Fijar normas desde el principio: establecer horarios, espacios y momentos adecuados para el uso del teléfono es clave para evitar que interfiera con el descanso, el rendimiento académico o la convivencia familiar. Las normas deben ser realistas, flexibles y adaptadas tanto a la edad como al nivel de madurez del menor. Para reforzar el compromiso, puede ser útil redactar un contrato familiar que recoja los acuerdos y responsabilidades de ambas partes.
  • Fomentar el pensamiento crítico. Todo lo que se comparte en Internet deja huella, y el respeto hacia los demás debe ser una norma fundamental, también en el entorno digital. Analizar juntos bulos, imágenes virales o mensajes ofensivos es clave para fomentar el pensamiento crítico en familia y ayudarle a reflexionar antes de compartir cualquier contenido. Asimismo, antes de publicar o reenviar fotos, vídeos o audios en los que aparezcan otras personas, debe pedir siempre su consentimiento.
  • Configurar la privacidad en las redes sociales: la configuración de las redes sociales debe hacerse juntos. Hay que valorar qué plataformas son adecuadas para su edad y decidir entre ambas partes qué información queremos que sea visible y quién podrá ver sus publicaciones, ajustando la privacidad en cada caso. Antes de publicar, ayudarle a revisar quién puede ver sus contenidos y a comprender que, una vez compartido algo, puede llegar a muchas más personas de las que imagina. Es necesario recordar que los menores de 14 años necesitan el consentimiento de sus padres o tutores para el registro. Además, el Gobierno está estudiando cambiar la ley para que la edad mínima para abrir una cuenta sea de 16 años.

El papel de los padres y madres

La confianza es el pilar de cualquier relación educativa. Si el menor siente que puede hablar libremente, será más fácil que comparta sus experiencias y preocupaciones. Estar disponible no significa controlar, sino mostrarse presente, atento y dispuesto a escuchar. La autoevaluación familiar sobre el uso de pantallas y la creación de rutinas conjuntas pueden contribuir a un entorno de confianza y comunicación abierta

Es necesario recordar la responsabilidad legal de los padres. El uso del móvil por parte de menores también implica una responsabilidad legal para los progenitores. Compartir burlas, imágenes o comentarios ofensivos sobre otras personas puede constituir una infracción o incluso un delito. En estos casos, los adultos responsables responden civilmente por los daños que los menores puedan causar, así como por las sanciones derivadas de infracciones a la normativa de protección de datos cometidas por menores de 14 años en adelante.

El ejemplo es la mejor herramienta educativa Si los adultos usan el teléfono de forma responsable, tenderán a imitar esos comportamientos. Pequeños gestos como no mirar el móvil mientras se habla con alguien, silenciar las notificaciones durante las comidas o respetar los espacios de descanso transmiten mensajes claros.

Siempre con supervisión

Es imprescindible interesarse por los contenidos o cuentas que sigue, mostrar interés por sus actividades digitales nos permitirá conocer mejor sus gustos, hábitos y preocupaciones, además de fortalecer la confianza y abrir espacios para el diálogo. Muchos videojuegos implican interacción con otras personas, lo que puede aportar beneficios sociales, pero también conlleva riesgos.

Hay que tener en cuenta que no todos los videojuegos son iguales: algunos pueden incluir violencia, lenguaje ofensivo o contenido inapropiado. Elegir y supervisar juntos los juegos más adecuados es una buena forma de educar en un uso responsable y seguro de la tecnología.

También es fundamental que el menor entienda por qué no debe compartir datos personales ni aceptar solicitudes de desconocidos. Nunca debe enviar información o imágenes a personas que no conoce, ya que esto puede generar problemas graves como ciberacoso, chantaje o grooming (acoso de un adulto a un menor). Además, es importante que limite sus contactos online a personas que conoce en la vida real.

Por último, es conveniente revisar las aplicaciones e interacciones con regularidad: cambios en el estado de ánimo, irritabilidad, ansiedad o pérdida de interés en actividades de las que antes disfrutaba pueden ser señales de que algo no va bien. Estas alteraciones, en ocasiones, están vinculadas a presiones sociales en redes, ciberacoso o una exposición excesiva al entorno digital. Supervisar periódicamente las aplicaciones que utiliza y sus interacciones nos permitirá detectar posibles riesgos a tiempo y buscar ayuda profesional si fuera necesario.

Añadir nuevo comentario