Crecer con un perro mejora la salud física y emocional de los niños

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18/01/2026 - 10:30
Perritos recién nacidos de color blanco

Lectura fácil

¿Es buena idea crecer con un perro? Más allá de la alegría evidente y los juegos en el parque, la ciencia tiene una respuesta contundente. Según el estudio The Role of pet-human bond (El papel del vínculo entre personas y mascotas) realizado por Purina, crecer con un perro o junto a un animal de compañía no es solo un entretenimiento, sino un catalizador potente para el bienestar integral de la infancia.

Los datos evidencian que esta convivencia actúa como un motor de desarrollo tanto físico como psicológico. En un mundo donde la salud mental infantil preocupa cada vez más y el sedentarismo es una amenaza real, los expertos de Purina han identificado cinco pilares fundamentales que demuestran que un perro es mucho más que una mascota: es un tutor de vida, un entrenador personal y un terapeuta emocional con cola.

Salud emocional y neuroquímica de la felicidad

Uno de los hallazgos más relevantes del análisis sobre crecer con un perro es el impacto directo en la química cerebral de los menores. La interacción con animales —jugar, acariciar o simplemente estar cerca— eleva los niveles de serotonina y dopamina. Estos neurotransmisores son los responsables directos de las sensaciones de placer, calma y felicidad.

En un contexto educativo y social, esto se traduce en niños más equilibrados. El informe destaca que las actividades asistidas con animales favorecen un mejor funcionamiento social, algo especialmente beneficioso para niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA). El perro actúa como un "lubricante social" y un refugio seguro.

Además, la mascota ofrece una compañía constante y libre de juicios. La infancia está llena de retos, miedos y momentos de tristeza. En esas situaciones, el perro se convierte en un confidente silencioso que ofrece consuelo incondicional. Abrazar a su mascota ayuda al niño a reducir el cortisol (la hormona del estrés) y a gestionar mejor sus emociones, aportando una seguridad que a veces les cuesta encontrar en el mundo adulto.

Lecciones de vida: responsabilidad y empatía

Crecer con un perro es, quizás, el curso intensivo de madurez más efectivo que existe. La responsabilidad no se aprende con teoría, sino con práctica. Asegurarse de que el animal tiene agua fresca, comida y sus paseos diarios enseña al niño que hay otro ser vivo que depende de él. Este sentido del deber fomenta la autoestima: el niño se siente útil y capaz al ver que sus cuidados repercuten en el bienestar de su amigo.

Paralelamente, se desarrolla la empatía. Aprender a leer las señales del perro (cuándo quiere jugar, cuándo tiene miedo o cuándo necesita descansar) obliga al niño a salir de su egocentrismo natural y a preocuparse por las necesidades ajenas. Esta compasión cultivada en casa se traslada luego a las relaciones con sus compañeros de clase y otros seres humanos.

Salud física y sistema inmune

Los beneficios de crecer con un perro no se quedan solo en la mente; el cuerpo también gana. Contra la creencia popular de que los animales traen suciedad y enfermedades, los estudios citados por Purina demuestran lo contrario. Los bebés criados en contacto con mascotas enferman con menor frecuencia durante su primer año de vida. La exposición temprana a la caspa de las mascotas y a la diversidad microbiana que estas aportan entrena y fortalece el sistema inmunológico, reduciendo significativamente el riesgo de desarrollar alergias en el futuro.

Y no podemos olvidar el antídoto contra el sedentarismo. En una era de pantallas, el perro obliga a salir. El dato es curioso y significativo: los niños con perro hacen, de media, once minutos más de ejercicio al día que los que no tienen mascota. Puede parecer poco, pero acumulado a lo largo de semanas y meses, supone una diferencia notable en la salud cardiovascular y el desarrollo motor. Pasear y correr con el perro es la mejor excusa para mantener un estilo de vida activo sin que parezca una obligación deportiva.

En definitiva, crecer con un perro en la familia es abrir la puerta a una fuente inagotable de salud y valores. Como señala Purina, es uno de los mejores regalos que se le puede hacer a un niño para garantizar que crezca sano, responsable y, sobre todo, feliz.

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