Las emisiones mundiales de metano tocan techo, pero el futuro promete mejoras

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09/01/2026 - 08:23
Fábrica emitiendo gases metano

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En la compleja batalla contra el calentamiento global, el dióxido de carbono (CO2) suele llevarse todos los titulares, pero existe otro villano climático, más silencioso y potente a corto plazo: el metano (CH4). Este gas es responsable de aproximadamente el 30 % del aumento de la temperatura global desde la era industrial. Según la información reciente publicada por El Periódico de la Energía, basada en los últimos datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), nos encontramos ante una situación paradójica: las emisiones de metano están aumentando en el presente, alcanzando niveles casi récord, pero las proyecciones para el final de la década (2030) son, por primera vez, optimistas.

Este contraste entre la realidad actual y la previsión futura es crucial. Significa que, aunque seguimos contaminando demasiado, los engranajes de la política internacional y la tecnología industrial por fin están empezando a moverse en la dirección correcta. El informe señala que, si se cumplen todos los compromisos adquiridos por los países y las empresas tras la última Cumbre del Clima (COP28), podríamos estar ante un punto de inflexión histórico en la lucha contra este "supercontaminante".

La industria fósil sigue perdiendo gas

La realidad inmediata es que el mundo aún no ha cerrado el grifo. La producción y el uso de combustibles fósiles generaron cerca de 120 millones de toneladas de emisiones de metano en el último año analizado. A esto se suma el metano procedente de la bioenergía (como la quema de biomasa tradicional), sumando otras 10 millones de toneladas. Estas cifras mantienen al sector energético como una de las principales fuentes de este gas, solo por detrás de la agricultura.

El problema de este gas supercontaminante en la industria del petróleo, el gas y el carbón es, a menudo, un problema de ineficiencia. Fugas en gasoductos, venteo (quemar el gas sobrante) intencionado o infraestructuras obsoletas permiten que el gas se escape a la atmósfera. Lo frustrante para los expertos es que gran parte de estas emisiones son evitables con tecnología que ya existe y que, en muchos casos, es rentable. Capturar ese metano en lugar de dejarlo escapar significa tener más gas para vender. Sin embargo, la inercia del sector y la falta de regulaciones estrictas en algunos países productores clave han mantenido las cifras en niveles alarmantes hasta hoy.

¿Por qué mejoran las previsiones para 2030?

Si los datos actuales son malos, ¿de dónde viene el optimismo? La respuesta está en la política. Tras la COP28 en Dubái, casi 200 países acordaron "abandonar los combustibles fósiles" y, específicamente, reducir sustancialmente las emisiones de metano para 2030. Además, nuevas iniciativas regulatorias están entrando en vigor. La Unión Europea, Estados Unidos y, de manera crucial, China, están implementando planes nacionales más estrictos para controlar el metano.

El informe destaca que la plena implementación de los compromisos actuales podría reducir las emisiones de este malísimo gas y de los combustibles fósiles en un 50 % para 2030. Esto es un salto gigantesco comparado con las previsiones de hace solo unos años. Además, la tecnología está jugando un papel estelar: el lanzamiento de satélites especializados capaces de detectar fugas de metano desde el espacio en tiempo real (como el MethaneSAT) está acabando con la opacidad. Ya no es posible ocultar una gran fuga en un pozo remoto; ahora se ve desde el espacio, lo que obliga a las empresas a actuar más rápido.

La brecha entre la promesa y la meta de 1,5 °C

A pesar de la mejora en las previsiones, los expertos de la AIE advierten contra la complacencia. "Mejorar" no significa "solucionar". Incluso si se cumple esa reducción del 50 % prometida, todavía estaríamos lejos de la reducción del 75 % que, según la ciencia, es necesaria para alinearse con el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C, tal como establece el Acuerdo de París.

Queda mucho trabajo por hacer. La financiación es uno de los grandes obstáculos, especialmente en los países en desarrollo, que necesitan ayuda económica para modernizar sus infraestructuras energéticas y sellar las fugas. También es necesario abordar las emisiones de la agricultura y los residuos, sectores más difíciles de descarbonizar que la energía.

Así las cosas, la noticia es un rayo de esperanza en un panorama climático habitualmente sombrío. Demuestra que la diplomacia climática y la presión regulatoria funcionan. Hemos conseguido doblar la curva de las previsiones; ahora el reto es que esas previsiones en papel se conviertan en tuberías selladas y aire limpio en la realidad antes de que termine la década.

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