Magdalena Martín, la última 'Chica del cable' en España

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Con motivo de la emisión del final de la serie 'Las chicas del cable',
Netflix ha rescatado en un vídeo homenaje que puedes ver al comienzo de esta publicación,
la historia de Magdalena Martín López,
la última y verdadera 'Chica del cable' en nuestro país.

El término 'chicas del cable' hace referencia a las chicas que trabajaron como teleoperadoras
en los años 30, cuando las casas no tenían móviles.

Este vídeo ha sido una bonita despedida para la serie
que ha revindicado los derechos de tantas mujeres de aquella época.

Magdalena vive en el pequeño municipio de Polopos, en Granada.
Fue durante ocho años y medio la teleoperadora
encargada de conectar a la gente a través de una centralita instalada en su propia casa.

El 19 de diciembre de 1988 Magdalena fue la encargada de realizar la última llamada manual del país. 
Ahora ella está jubilada y tiene 73 años.
Cuando colgó y la llamada terminó, su puesto de trabajo había quedado oficialmente obsoleto.
Se llevaron la silla, la centralita e incluso un bloc de notas en el que apuntaba todas las conferencias.

La vida de Magdalena fue mucho más dura que la vida de las protagonistas de la serie de Netflix.
Ella tenía muchas menos libertades que aquellas chicas,
pero sin duda, su historia ha servido de inspiración para la serie.

Netflix ha colocado una placa conmemorativa en la fachada de su casa
como reconocimiento a su trabajo.
Además, han instalado una centralita telefónica,
que es una réplica de la que tenía cuando era teleoperadora.

Con motivo de la emisión del final de la serie 'Las chicas del cable', Netflix ha rescatado en un vídeo homenaje, la historia de Magdalena Martín López, la última y verdadera 'Chica del cable' en nuestro país.

Este vídeo ha sido una bonita despedida para la serie que ha revindicado los derechos de tantas mujeres en los años 30.

Esta es la historia de la última teleoperadora

La granadina, que reside en el pequeño municipio de Polopos (Granada), fue durante ocho años y medio la teleoperadora encargada de conectar a la gente a través de una centralita instalada en su propia casa.

El 19 de diciembre de 1988 Magdalena fue la encargada de realizar la última llamada manual del país. Y no fue una cualquiera. El ministro de Transportes y Comunicaciones de entonces, José Barrionuevo, viajó a Polopos para materializar el comienzo de las llamadas automáticas a través de una conversación telefónica con el presidente del Gobierno, Felipe González.

Magdalena Martín, ahora está jubilada y tiene 73 años

Han sido numerosos medios de comunicación los que se han hecho eco de esta bonita iniciativa acorde al Objetivo de Desarrollo Sostenible número 5. En concreto, en una entrevista para Verne, Magdalena, además de recordar cómo pintaron y blanquearon todo el pueblo para la ocasión, cuenta que “había una chica vigilando que todo saliese bien” por si los nervios le jugaban una mala pasada. Pero la presión no impidió que todo sucediese según lo previsto, aunque tuvieron que cambiar el guion por un compromiso con el que no contaban: “El presidente estaba en una audiencia y tuvimos que esperar”, explica. Para hacer más amena la espera, y mientras todo el pueblo se reunía en la plaza, ella sacó y cortó “jamón para el ministro y los periodistas que estaban allí”.

Cuando colgó y la llamada terminó, su puesto de trabajo había quedado oficialmente obsoleto. Se llevaron la silla, la centralita e incluso un bloc de notas en el que apuntaba todas las conferencias, tal como ocurre en la serie 'Las chicas del cable'.

Una vez más, la realidad supera a la ficción

'Las chicas del cable' ha sido la primera serie española producida por Netflix. La trama arranca en el Madrid de 1928 y cuenta la historia de un grupo de jóvenes que entran a trabajar en la compañía nacional de teléfonos. Magdalena tiene mucho que decir sobre lo que viven las protagonistas de la serie. Ella no conocía la serie pero ahora que puede verla con su hija, afirma que “es bastante distinta” a su vida.

En Cadena Ser, Magdalena cuenta que la serie “refleja un poco de lo que yo viví (…) Ellas tenían sus vacaciones, sus horarios, pero aquí ni vacaciones ni horarios, no podíamos salir de casa”.

Su sueldo, de unos 258 euros aproximadamente permitió sacar a sus tres hijos adelante junto con el salario de su marido, conductor de autobús.

Magdalena se casó a los 30 años y ella y su marido decidieron trasladarse al pequeño pueblo Polopos donde su suegro, era el encargado de la centralita. Durante más de ocho años fue la teleoperadora del pueblo. La hemeroteca de EL PAÍS guarda la crónica desde Polopos de esa última llamada. Y también un perfil de la teleoperadora.

El alcalde de Polopos, se mostró orgulloso de tener a Magdalena como vecina ilustre, y no dudó en participar de un pequeño homenaje.

Netflix ha colocado una placa conmemorativa en la fachada de su casa como reconocimiento a su trabajo. Además, han instalado una centralita telefónica, que es una réplica de la que tenía cuando era teleoperadora, la última 'Chica del cable'.

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