David Cicuéndez, el primer ciego del mundo certificado como instructor de 'firewalking'

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14/01/2026 - 18:00
David Cicuéndez en una bañera con hielo

Lectura fácil

En el paisaje de la Sierra de Madrid, entre el humo del fuego y el crujido del hielo, un hito mundial acaba de escribirse en el ámbito del desarrollo personal y la inclusión. El protagonista es David Cicuéndez, comunicador y experto en capacidades, que acaba de convertirse en el primer ciego del mundo certificado oficialmente como instructor de firewalking y dinámicas de alto impacto. Un logro que, más allá del mérito personal, redefine los límites de lo posible.

Cicuéndez obtuvo esta acreditación tras superar una formación intensiva de cinco días impartida por Innerfire, escuela dirigida por la instructora máster Ainhoa de Paz, una de las referentes internacionales en este tipo de entrenamientos. No ha sido un curso cualquiera: el firewalking (caminar descalzo sobre brasas ardientes) se combina aquí con pruebas físicas y mentales diseñadas para entrenar la gestión del miedo, la confianza y la resiliencia.

“Esto no va de fuego ni de hielo, sino de atravesar lo que crees imposible. Porque el disfrute de la vida, de verdad, está al otro lado del miedo”, resume Cicuéndez, que ve en este logro no una hazaña individual, sino un mensaje colectivo sobre la normalización de la discapacidad.

David Cicuéndez, más allá del reto físico

El programa que completó podría asustar a cualquiera: caminar sobre brasas, atravesar un pasillo de cristales, doblar una barra de acero con la garganta, partir una flecha o sumergirse en agua helada a cuatro grados durante varios minutos. Cada ejercicio está diseñado para que el participante se observe frente a su miedo y aprenda a gestionarlo, no a eliminarlo.

“Durante el curso, explica Ainhoa de Paz, los participantes se enfrentan a su agotamiento físico y emocional. Todo está pensado para que salga a la superficie la gestión emocional”. Jornadas de trabajo muy extensas, comidas tardías y un ritmo que roza el colapso: nada se deja al azar. “Queremos que sientan el cansancio, la frustración y el enfado, porque ahí es donde realmente se aprende”, añade la instructora, que colaboró con Cicuéndez también en el programa radiofónico Momentos Blancos.

David Cicuéndez recuerda esta experiencia como un viaje hacia dentro. “Lo que más me costó fue el cansancio acumulado. Empezábamos muy pronto y terminábamos muy tarde. Las comidas, tarde, mal y nunca”, bromea. “Pero entendí que todo tenía un propósito: descubrir cómo reaccionas ante la incomodidad”.

Entre las pruebas, una le marcó especialmente: la inmersión en agua helada, que debía sostenerse entre tres y cinco minutos. “Yo no aguanto el agua fría; sabía que iba a costarme. Al final resistí solo 25 segundos, pero lo importante no era el tiempo, sino vencer el miedo a entrar”. Ese gesto se convirtió para él en la metáfora perfecta: el valor no siempre consiste en aguantar más, sino en decidir dar el primer paso.

Un cambio de mirada sobre la discapacidad

Para David Cicuéndez, que es además conferenciante y comunicador, este logro no debería celebrarse desde la épica. “La discapacidad no se aborda desde la pena ni desde el ‘pobrecito’, sino desde la normalidad”, afirma. Con su característico humor y lucidez, añade: “Lo que no podemos hacer cabe en un folio; lo que sí podemos, en una enciclopedia… y a veces nos quedamos cortos”.

Su certificación no solo le permite impartir estas dinámicas, sino también acompañar a otras personas, con o sin discapacidad, que enfrentan bloqueos emocionales o miedos limitantes. “He descubierto —dice— que muchas cosas que yo llamaba pereza eran miedo. Cuando atraviesas eso, se abre otra forma de vivir”. Para él, el miedo es una alerta del cerebro, universal y democrática: “Funciona igual en todos. Lo que cambia es el objeto del miedo”.

David Cicuéndez aprovecha su altavoz para hablar de inclusión más allá de los discursos bienintencionados. “A los empresarios les diría que contraten por perfil, no por compasión. No se trata de dar oportunidades por pena, sino por profesionalidad”. Sin embargo, reconoce que incorporar talento con discapacidad tiene un valor social añadido. “Cambia la cultura de la empresa, rompe prejuicios y demuestra que la capacidad no depende de la vista, ni de la edad, ni del origen”.

Él mismo ha sentido en carne propia los prejuicios que aún persisten: “Hay quien todavía pregunta si puedo viajar solo o usar un ordenador. Eso muestra que fuera del mundo de la discapacidad, no se confía en ella”. Aun así, mantiene un optimismo sereno: “Las personas con discapacidad que cumplen el perfil suelen aportar compromiso y estabilidad, porque valoran el empleo de otra manera”.

El miedo como punto de partida

Lejos de los escenarios de superación heroica, David Cicuéndez insiste en que su verdadera lección ha sido aprender a gestionar el miedo. “No desaparece, pero se transforma. Y cuando lo gestionas, cambias tu vida”, explica. Su experiencia demuestra que incluso sin ver las brasas, el fuego puede ser un maestro de claridad. “Sustituyes el no ver por la valentía y la confianza. El cerebro te grita ‘¿dónde vas?’, pero ahí decides tú”.

Durante el curso, su perro guía, Pilcu, un labrador negro, también tuvo un papel inesperado. Mientras su dueño enfrentaba los desafíos, el animal se convirtió en parte del aprendizaje del grupo. “Pilcu anduvo de mano en mano entre los instructores, acompañando el proceso. Su calma también enseñaba”.

Y si alguien duda del impacto que este logro genera, bastan los testimonios de sus compañeros de curso. “Después de algunas dinámicas, venían a abrazarme llorando. Me decían: ‘Si tú lo has hecho, yo no puedo echarme atrás’”, recuerda emocionado.

Un hito que abre camino

Innerfire ha confirmado que nadie antes había conseguido esta certificación siendo ciego. La propia escuela lo expuso recientemente en un congreso internacional sobre firewalking y dinámicas de alto impacto. David Cicuéndez, consciente de que marca un precedente mundial, ya prepara la siguiente etapa: una nueva edición del curso en marzo en Madrid, esta vez desde el otro lado del fuego, como instructor y colaborador.

Su historia no solo encarna un mensaje sobre inclusión y coraje, sino una invitación universal a salir del miedo. Porque, como él dice, “la vida de verdad empieza justo al otro lado”.

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