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Dos años impulsando la vida independiente de las personas con discapacidad intelectual en Madrid

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12/01/2026 - 14:08
Lisber, asistente personal en la Oficina de vida independiente de Plena Inclusión Madrid

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El pasado mes de junio se cumplieron dos años desde la puesta en marcha de la Oficina de Vida Independiente de Plena Inclusión Madrid (OVI), una iniciativa en red que nació con el respaldo de la Comunidad de Madrid y la participación de 14 entidades federadas. Lo que comenzó como un proyecto piloto financiado con fondos europeos se ha convertido, dos años y medio después, en una experiencia transformadora que ha superado ampliamente sus objetivos iniciales: aumentar la autonomía, la participación social y la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo.

Durante este tiempo, la OVI ha demostrado que, con los apoyos adecuados, las personas pueden tomar decisiones reales sobre su propia vida. Y no se trata solo de una declaración de principios, sino de datos concretos: 248 personas atendidas y 101 Planes Individuales de Vida Independiente (PIVI) elaborados, muchos de ellos permitiendo por primera vez el acceso a apoyos personalizados.

Un proyecto pionero nacido del impulso de las propias personas

La OVI es una experiencia única en España. Hasta 2022, las oficinas de vida independiente estaban dirigidas casi exclusivamente a personas con discapacidad física. Persistía la idea errónea de que la asistencia personal no era adecuada para personas con discapacidad intelectual, al cuestionarse su capacidad para decidir. Sin embargo, esta percepción empezó a resquebrajarse gracias al empuje de las propias personas afectadas.

“Desde hace años existe una reivindicación clara: queremos oficinas de vida independiente también para personas con discapacidad intelectual”, explica José Jiménez, director de la OVI. “Se ha pensado que no podían tomar decisiones, pero son ellas mismas las que se rebelan contra esa idea”.

Plena Inclusión Madrid presentó el primer proyecto en 2017 al Ayuntamiento, que fue aprobado en 2021. El salto definitivo llegó en 2023, cuando obtuvieron financiación europea para extender el servicio a toda la Comunidad de Madrid. Así nació una estructura con una sede central y 14 oficinas periféricas, pensada para que, una vez finalizada la financiación, las entidades contaran con sus propias “minioficinas” de vida independiente.

El Plan Individual de Vida Independiente: decidir con apoyos

El corazón del proyecto es el Plan Individual de Vida Independiente. El PIVI funciona como una hoja de ruta personalizada que parte de una pregunta clave: ¿qué quiere la persona para su vida? Vivienda, gestión del hogar, relaciones personales, trabajo, ocio o participación social son algunas de las áreas que se abordan.

A partir de ahí, el equipo de la OVI identifica los apoyos necesarios y los traduce en horas de asistencia personal. Una de las grandes novedades es que son las propias personas con discapacidad quienes eligen a su asistente. Definen el perfil, participan en un proceso de selección sencillo y toman la decisión final. “Eso marca una diferencia enorme en términos de empoderamiento”, subraya Jiménez.

Hasta junio de 2025, estas horas de asistencia se financiaban íntegramente con los fondos del proyecto, por lo que eran gratuitas para las personas usuarias. A partir de ese momento, la OVI comenzó a acompañarlas en la solicitud de ayudas públicas, como la de dependencia. El cambio ha supuesto una reducción de apoyos: de las 101 personas atendidas hasta el 30 de junio, 35 continúan en la OVI, otras reciben apoyo en las entidades federadas y alrededor del 50 % se ha quedado sin asistencia personal.

Elegir cómo y dónde vivir

Pese a las dificultades, los beneficios del programa son evidentes. Juan Manuel, por ejemplo, acudió a la OVI con 56 años tras pasar casi cuatro décadas en un piso tutelado. Su objetivo era explorar otro modelo de vivienda que le permitiera tomar más decisiones. Con apoyo de una asistente personal, pudo probar una experiencia de vivienda compartida. No funcionó y regresó al piso tutelado, pero el proceso fue clave. “Ahora sé que puedo decidir sobre mi vida”, afirma. Aunque hoy solo puede costear dos horas de asistencia a la semana, destaca que lo más importante ha sido descubrir lo que quiere y todo lo que es capaz de hacer por sí mismo.

Miguel, de 31 años, tiene grandes necesidades de apoyo debido a una discapacidad física e intelectual severa y crisis epilépticas frecuentes. Su madre, María Eugenia, explica que, pese a ello, siempre han fomentado su autonomía. Miguel no quería permanecer en un centro de día y cayó en una depresión. La asistencia personal supuso un cambio radical: le permitió vivir una vida más acorde a sus deseos, salir, caminar y relacionarse fuera del entorno familiar.

El caso de Miguel también pone sobre la mesa una crítica al sistema: mientras una plaza residencial puede costar unos 3.000 euros mensuales, la ayuda para mantenerlo en casa apenas supera los 500. “El sistema penaliza a las familias que apuestan por respetar la voluntad de sus hijos”, lamenta su madre.

La asistencia personal, una profesión con sentido

El impacto del programa no se limita a las personas usuarias. Lisbet, asistente personal, define su trabajo como “el mejor del mundo”. Tras años cuidando a una persona mayor y formarse en ocio y tiempo libre, encontró en la OVI un modelo diferente: aquí son las personas con discapacidad quienes eligen.

Su labor consiste en acompañar la ejecución de los PIVI, adaptándose a cada persona y a situaciones que no siempre estaban previstas. “No hay dos días iguales”, explica. Ha sido testigo de mejoras en autoestima, relaciones familiares y autonomía. Recuerda con orgullo el caso de Inmaculada, a quien acompañó durante dos años al tren a las seis de la mañana hasta que logró ir sola y ser puntual en su trabajo.

Mirando al futuro: consolidar lo que funciona

La OVI afronta ahora un momento clave. La Comunidad de Madrid ha manifestado su voluntad de apoyar la continuidad del proyecto, y desde Plena Inclusión Madrid confían en que lleguen nuevos fondos para consolidarlo. Los argumentos no son solo sociales, sino también económicos: un estudio de la Universidad Carlos III concluye que cada euro invertido en este modelo genera un retorno social de 2,44 euros.

El objetivo sigue siendo claro: defender el derecho de cada persona a decidir cómo quiere vivir, con los apoyos que necesite y en igualdad de oportunidades. Dos años después, la Oficina de Vida Independiente ha demostrado que no solo es posible, sino necesario.

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