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A pesar de los avances en diversidad laboral, la brecha de participación entre la población general y las personas con discapacidad sigue siendo alarmante: solo el 35,5 % de este colectivo está activo en el mercado laboral, frente al 75,8% del resto de la población. Este desequilibrio no se debe a la falta de talento, sino a la persistencia de barreras estructurales y tecnológicas que dificultan su plena integración en las empresas.
Brecha laboral persistente: el desafío de la inclusión
Según los últimos datos del INE de 2024, mientras la población general alcanza un 75,8 % de actividad laboral, las personas con discapacidad apenas llegan al 35,5 %. Esta diferencia, que se mantiene estable desde hace años, refleja un problema estructural: muchos profesionales con talento encuentran barreras que limitan su participación en el mercado laboral español.
Hays ha analizado esta situación y propone soluciones concretas: desde la implementación de tecnología adaptativa hasta programas internos de acompañamiento que faciliten la integración de estos trabajadores en las compañías.
Vanesa Peña, Senior Manager de Contracting y miembro del Comité DE&I de Hays, destaca que el problema no está en la preparación del colectivo, sino en la falta de accesibilidad de las organizaciones.
“Si los procesos de selección no contemplan ajustes razonables y los entornos de trabajo no están preparados, los profesionales no pueden demostrar sus competencias. Son descartados antes de tiempo”, explica Peña. “No hablamos de falta de talento, hablamos de barreras persistentes”.
Estas dificultades de inclusión se hacen evidentes desde el primer contacto: entrevistas sin adaptaciones, oficinas inaccesibles, software que excluye y culturas corporativas condicionadas por prejuicios inconscientes.
“Muchos empleados no actúan por malicia, sino por desconocimiento. No saben cómo modificar procesos, capacitar a los equipos o implementar políticas de apoyo, y eso genera inacción”, agrega Peña.
Integración como ventaja competitiva
Estudios recientes, como los de Accenture, muestran que las empresas que apuestan por la diversidad e inclusión logran 1,6 veces más ingresos y duplican sus beneficios. Sin embargo, según datos del SEPE (2025), los puestos ocupados por personas con discapacidad siguen concentrándose en trabajos temporales o de baja responsabilidad.
“Romper este patrón requiere combinar tecnología accesible, formación digital avanzada y políticas internas claras que acompañen la trayectoria profesional. La inclusión no se da por instinto, necesita planificación, inversión y liderazgo comprometido”, afirma Peña.
Claves para un cambio real con la tecnología como motor
Los estudios indican que los profesionales con discapacidad registran menor acceso a herramientas tecnológicas, lo que confirma que la brecha digital sigue siendo un freno importante para la inclusión y accesibilidad.
“Cualquier organización que quiera ser inclusiva debe auditar sus sistemas, entornos y herramientas. La improvisación no es suficiente”, recalca Peña.
El liderazgo también juega un papel central. Un responsable cercano debe garantizar que cada empleado se sienta parte del equipo, comprenda sus necesidades y tenga objetivos claros. Algunos mentores internos y actividades de integración diaria refuerzan este proceso, generando un entorno donde la inclusión se viva de manera auténtica.
De cara al futuro, Hays anticipa que la tecnología será el mayor catalizador de inclusión. La automatización adaptativa, las plataformas digitales accesibles y la formación especializada permitirán que más profesionales accedan a puestos estratégicos y de mayor responsabilidad.
“Si las empresas aceleran la adopción de herramientas inclusivas y construyen programas sólidos de acompañamiento, veremos un avance real en la integración del talento en posiciones clave de cualquier compañía”, concluye Peña.
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