Crece la preocupación mundial por el impacto de la inteligencia artificial

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12/01/2026 - 14:30
 inteligencia artificial

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No hay duda de que la inteligencia artificial ha venido para quedarse y ha transformado nuestras vidas en múltiples aspectos, desde cómo consumimos información hasta la forma en que nos relacionamos con nuestro entorno. Sin embargo, este avance tecnológico sin precedentes todavía suscita muchas dudas en las sociedades globales, especialmente en lo que se refiere a los riesgos que lleva asociados. Una reciente encuesta realizada por Statista ha puesto de relieve los miedos más profundos de la población ante un futuro dominado por los algoritmos.

La rapidez con la que se están integrando estos sistemas en el día a día ha generado un clima de incertidumbre. Aunque las ventajas en eficiencia son innegables, la percepción de inseguridad sobre el control de nuestros datos y nuestra voluntad es un tema recurrente en los debates actuales.

El temor a que la inteligencia artificial sea utilizada para manipular a la sociedad

La mayor preocupación de las sociedades modernas es que la tecnología podría usarse para manipular a las personas. Según los datos recogidos, el 46 % de los encuestados identifica este como su miedo principal. La capacidad de los sistemas para analizar el comportamiento humano y predecir reacciones permite crear campañas de influencia tan sutiles que el usuario apenas puede detectarlas.

Este recelo está íntimamente ligado al impacto de la inteligencia artificial en la desinformación, una preocupación que comparte el 45 % de la población. En un mundo donde los deepfakes y las noticias generadas automáticamente son cada vez más difíciles de distinguir de la realidad, la confianza en los medios y en las instituciones se ve seriamente amenazada. La sociedad teme que la verdad se convierta en un concepto relativo, moldeado por intereses opacos mediante el uso de redes neuronales.

La transformación del mercado laboral y el reemplazo de funciones

El empleo es otro de los pilares que se tambalea ante el avance tecnológico. El 41 % de los ciudadanos teme que millones de puestos de trabajo puedan ser reemplazados por la inteligencia artificial en los próximos años. Existe una visión colectiva de que la automatización no solo afectará a tareas repetitivas, sino también a sectores creativos y de gestión que antes se consideraban exclusivamente humanos.

Curiosamente, existe una diferencia notable entre el miedo macroeconómico y el personal. Mientras que ese 41 % teme por el mercado laboral general, solo un 23 % manifiesta un miedo directo a que su propio puesto de trabajo sea sustituido por la inteligencia artificial. Esta desconexión sugiere que, aunque vemos el peligro a nivel global, tendemos a confiar en que nuestras capacidades individuales son más difíciles de replicar por una máquina que las del resto de la población.

Autonomía, comunicación y el coste ambiental de la tecnología

A medida que los modelos se vuelven más complejos, surge la pregunta sobre el control. El 35% de los encuestados se plantea qué pasaría si la inteligencia artificial se convirtiera en autónoma y peligrosa, un temor alimentado tanto por la ciencia ficción como por las advertencias de algunos expertos en ética tecnológica. En niveles similares, el 41% lamenta el impacto negativo que estos sistemas podrían tener en la comunicación humana, temiendo que las interacciones se vuelvan más frías y mediadas por interfaces digitales.

Por otro lado, la sostenibilidad también entra en juego. Un 27 % de las personas señala como uno de sus miedos el elevado consumo energético que produce la IA. El mantenimiento de los grandes centros de datos necesarios para procesar tal volumen de información requiere una infraestructura que choca con los objetivos de descarbonización global.

A pesar de esta lista de temores, existe un pequeño sector de la población que afirma no tener ninguna preocupación. Para ellos, los beneficios de la inteligencia artificial superan con creces los riesgos, viéndola como una herramienta de progreso ilimitado. El reto para los próximos años será encontrar el equilibrio entre la innovación y la regulación para calmar los miedos de una sociedad que observa el futuro con una mezcla de asombro y sospecha.

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