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La sostenibilidad empresarial ha dejado de ser una aspiración o un mero requisito normativo para convertirse en un pilar fundamental de la estrategia corporativa. En este 2026, las empresas no solo buscan cumplir con las regulaciones, sino que están descubriendo el enorme potencial de esta filosofía para redefinir su competitividad, optimizar el acceso a capital y fortalecer su resiliencia en un entorno global cada vez más volátil. Así lo pone de manifiesto el informe “Tendencias en sostenibilidad empresarial 2026”, elaborado por el Pacto Mundial de la ONU España, que subraya una nueva fase de madurez en esta disciplina.
El estudio revela un cambio estructural profundo. La sostenibilidad empresarial ya no es un departamento aislado, sino un motor directo de crecimiento. El 82 % de las empresas encuestadas ya obtiene beneficios económicos tangibles de sus esfuerzos de descarbonización, y un 88 % identifica la sostenibilidad como una vía clara para generar valor futuro a largo plazo. Esta tendencia se traduce en un discurso cada vez más financiero por parte de la alta dirección, que vincula los objetivos ESG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza) directamente con la expansión, la eficiencia operativa y la rentabilidad neta.
La sostenibilidad empresarial impulsa cadenas de suministro más resilientes
Una de las tendencias más destacadas para 2026 es la aceleración en la evolución de las cadenas de suministro hacia modelos intrínsecamente más sostenibles y trazables. Esta dinámica ya no se limita a la sensibilización, sino que se centra en la gestión real de los riesgos y oportunidades ESG. En este sentido, la mitad de las empresas B2B ya priorizan de forma activa a proveedores que demuestran un compromiso con la sostenibilidad empresarial, y se prevé que esta proporción se incremente hasta dos tercios en los próximos años.
Esta presión se verá reforzada por un aterrizaje regulatorio inminente, con directivas que trasladarán las exigencias ESG a pymes y proveedores a través de un efecto cascada. La trazabilidad en la cadena de valor se convierte, por tanto, en un factor crítico no solo para la reputación, sino también para la continuidad del negocio y el acceso a nuevos mercados.
El capital busca impacto real datos verificables
La inversión sostenible también ha alcanzado una madurez notable. En España, los activos gestionados bajo criterios ESG ya representan cerca del 43 % del total del mercado, superando los 238.000 millones de euros. De cara a 2026, la tendencia es clara: el acceso a este capital ‘verde’ se endurecerá. Las empresas deberán demostrar un impacto real y cuantificable mediante datos verificables, comparables y auditables. La sostenibilidad empresarial se consolida, así, como un criterio estructural de asignación de capital, moviendo miles de millones de euros hacia proyectos que demuestran un compromiso genuino con el planeta y las personas.
El informe también destaca una tendencia creciente en el uso estratégico de la inteligencia artificial (IA) para la gestión de la sostenibilidad. En 2026, la IA se perfila como una herramienta indispensable para mejorar la calidad y trazabilidad de los datos ESG, automatizar procesos y facilitar una toma de decisiones más ágil y basada en la evidencia. No obstante, esta revolución tecnológica viene acompañada de mayores exigencias en gobernanza responsable, transparencia algorítmica y control de los posibles impactos ambientales y sociales de la propia IA.
Transparencia y el papel del sector agroalimentario en la sostenibilidad
La transparencia y el reporting corporativo entran en una nueva era. La tendencia para 2026 apunta a un modelo de información más exigente y basado en evidencias, impulsado por la entrada en vigor de la Directiva contra el greenwashing y un mayor escrutinio público. El reporting deja de ser un ejercicio de comunicación para transformarse en una herramienta estratégica de gestión y credibilidad, donde la sostenibilidad se evalúa con lupa.
A este contexto se suma el aterrizaje regulatorio en España, con la transposición de directivas clave como la CSRD y la CSDDD, que impactarán directamente en las grandes empresas y sus cadenas de valor, así como en la gestión de riesgos ESG. Por último, el documento subraya la creciente relevancia estratégica del sistema agroalimentario. La combinación de crisis climática, riesgos para la seguridad alimentaria y tensiones geopolíticas situará a los sistemas agroalimentarios sostenibles como un vector clave de resiliencia económica y social, impulsando cambios profundos en la producción, la trazabilidad y la gestión de las cadenas de suministro bajo los principios de la sostenibilidad empresarial.
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