La producción de comida eleva las emisiones de gases de efecto invernadero

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La agricultura brasileña, en la imagen irrigación de un campo cercano a Brasilia

Lectura fácil

El óxido nitroso es un gas volátil, incoloro, con un olor dulce y ligeramente tóxico,
que provoca alucinaciones y estado eufórico en la persona,
por lo que ha sido comúnmente utilizado como droga en algunos casos.

Su estructura molecular es N2O,
y esta formada por la unión de dos moléculas de nitrógeno y una de oxígeno.
Químicamente es un gas estable, que no reacciona con otros elementos o compuestos.

La principal aportación humana del N2O se concentra en la producción de comida:
Agricultura y ganadería emiten 4,1 millones de toneladas de este gas cada año.

Dar solución a la emisión de este gas se convierte en un gran problema,
pues la producción de comida es vital.
La emisión de este gas se ha quedado ocultada tras las cuestiones que rodean
a la contaminación de la atmósfera.

El óxido nitroso (N₂O) forma parte esencial de la producción de comida. La revista Nature ha publicado una investigación que puede ser el mayor esfuerzo para saber cuánto óxido nitroso hay en la atmósfera y de dónde viene.

En el trabajo lo primero que destacan es que las emisiones de N₂O han seguido aumentando mucho desde la Revolución Industrial. El mayor incremento se ha producido en las últimas cinco décadas.

Dicho estudio, identifica y cuantifica 21 principales fuentes o sectores que emiten N₂O a la atmósfera. Cabe destacar que la mayor cantidad sigue siendo de origen natural.

Algunas partes de la producción de comida expulsan el óxido nitroso a la atmósfera

El 57% de las emisiones de N2O, corresponde a la actividad de microorganismos marinos, a la vegetación, y a la liberación desde la materia orgánica de las selvas tropicale.

El 43% restante de estas emisiones corresponden a las actividades humanas. El caso es que, las naturales son relativamente estables, pero las artificiales (humanas) han registrado un crecimiento de un 30% en los últimos 10 años.

El cómputo total del estudio refleja que 17 millones de toneladas de N2O acaban en el aire cada año, y los procesos fotoquímicos que conseguían reducir hasta 13,5 millones de toneladas de este gas en nitrógenos atmosférico, ya no pueden con tanto.

La principal aportación humana del N2O se concentra en la producción de comida: Agricultura y ganadería emiten 4,1 millones de toneladas de este gas cada año, desestabilizando el círculo natural del nitrógeno.

“Las mayores ratio de crecimiento de emisiones se producen en las economías emergentes, en especial en China, India o Brasil, donde han crecido la producción agraria y ganadera”, dice en un correo el investigador de la Universidad de Auburn y principal coautor del estudio Hanqin Tian.

“El estudio muestra que las emisiones de los fertilizantes sintéticos protagonizan el flujo en China, India y EE UU, mientras las procedentes del uso de abono animal como fertilizante dominan en África y Sudamérica”, añade el también director del Centro Internacional para la investigación del Clima y el Cambio Global.

Dar solución a la emisión de este gas se convierte en un gran problema, pues la producción de comida es vital. La emisión de este gas se ha quedado ocultada tras las cuestiones que rodean al CO2.

“Muchos países no quieren ni oír hablar del N₂O, ya que tiene mucho que ver con la seguridad alimentaria”, dice el director ejecutivo del Global Carbon Project, el catalán Pep Canadell.

También coautor del estudio, Canadell aclara enseguida que las agriculturas estadounidense y europea son grandes emisoras de óxido nitroso, “pero donde crece es en las economías emergentes”.

De momento, no hay soluciones para eliminar el óxido nitroso

Ni las hay como fertilizante ni existen sistemas eficaces para retirar su exceso de la atmósfera. Pero un dato esperanzador es que Europa, tanto en industria como en agricultura ha conseguido reducir las emisiones de óxido nitroso a la atmósfera.

Uno de los grandes problemas, tal y como apuntan los autores del estudio, es que muchos países cuentan con fertilizantes subvencionados, por lo que no se paga el precio real.

Por eso, la investigación apunta que, la retirada de las ayudas y realizar una mejor eficiencia ayudaría a reducir el peso de los fertilizantes en la emisión del N2O.

“La agricultura siempre será un sistema con fugas del gas pero su rebaja facilitaría que las reducciones en los otros gases (CO₂ y metano) las compensaran” apuntan los autores

De no cambiar los hábitos de producción de comida, desde todos los sectores implicados, será imposible alcanzar el compromiso del Acuerdo de París. Y así lo corroboran los autores de la investigación.

La producción de comida no es la primera vez que se encuentra en el punto de mira. Los gases contaminantes y la falta de medidas y de cooperación están llevando al planeta a la ruina.

2020-10-25

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