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Todo empezó con un tuit del padre de un niño de seis años con leucemia: quería una caja para su hijo, al igual que la iniciativa de un hospital de Brasil, que camufla la quimioterapia por una 'Superfórmula' y que está decorada por las princesas y superhéroes favoritos de los más pequeños.
La respuesta no se hizo esperar: decenas de "makers" o impresores 3D respondían a la llamada y rápidamente se pusieron a imprimir estas cajas en 3d para ayudar a estos pequeños valientes. Ya se han entregado las primeras cajas al Hospital Niño Jesús de Madrid.
Una de las personas que no dudó en poner su granito de arena fue Guillermo Martín, el joven que está detrás de 'Ayúdame 3D', una iniciativa que coloca prótesis a personas que lo necesitan.
Una bonita iniciativa que promueve la solidaridad y las ganas de ayudar a estos pequeños y valientes guerreros, los auténticos protagonistas de esta historia.
En la planta de oncología de un hospital infantil, la realidad se impone con una crudeza difícil de digerir. El olor a desinfectante, los pitidos de las máquinas y, sobre todo, la visión de las bolsas de medicación colgando del gotero, son recordatorios constantes de la enfermedad. Para un niño, ver cómo un líquido extraño entra en su cuerpo puede ser una fuente inmensa de ansiedad y miedo. Sin embargo, Chemobox tapa el miedo con superpoderes.
Según detalla La Sexta, Chemobox es un proyecto que se dedica a fabricar cajas personalizadas diseñadas específicamente para cubrir las bolsas de quimioterapia y suero. Pero no son cajas normales. Están decoradas con los logos de Batman, Superman, princesas Disney, la Patrulla Canina o cualquier personaje que apasione al pequeño paciente. Al colocar esta carcasa sobre la bolsa médica, el tratamiento deja de ser "medicina mala" para convertirse, a los ojos del niño, en "superpoderes" o "energía mágica" que entra en su cuerpo para ayudarle a ganar la batalla.
Del miedo a la fantasía, un cambio de narrativa vital
El impacto psicológico de este cambio es incalculable. Los expertos en psicología infantil y cuidados paliativos coinciden en que el entorno influye directamente en el estado de ánimo y, por ende, en la respuesta inmunológica del paciente. Cuando un niño se enfrenta a una sesión de quimio, el estrés puede ser paralizante.
Las cajas de Chemobox actúan como un escudo emocional. Transforman la narrativa de la enfermedad. El niño ya no está "recibiendo un tratamiento tóxico", sino que está "recargando sus poderes" como lo haría Iron Man o está recibiendo "polvo de hadas". Este juego simbólico reduce la resistencia al tratamiento, disminuye el llanto y facilita enormemente la labor del personal de enfermería, que encuentra a un paciente más colaborativo y menos asustado. La caja convierte el portasueros, un objeto frío y metálico, en un compañero de juegos.
Humanizar la asistencia sanitaria: la tecnología al servicio del corazón
La iniciativa Chemobox se enmarca dentro de una corriente necesaria y creciente: la humanización de la asistencia sanitaria. Los hospitales modernos están entendiendo que curar no es solo eliminar células cancerígenas, sino cuidar a la persona, especialmente cuando esa persona mide poco más de un metro.
La fabricación de estas cajas suele realizarse mediante impresión 3D, gracias a una red de "makers" voluntarios que ceden su tiempo, sus máquinas y sus materiales (filamento de plástico PLA) de forma altruista. Es un ejemplo brillante de cómo la tecnología puede tener un alma profundamente humana. Los diseños son abiertos y compartidos, permitiendo que cualquier persona con una impresora 3D en cualquier lugar del mundo pueda fabricar una Chemobox y donarla a su hospital local.
Estas cajas no solo ayudan al niño, sino también a los padres. Para una madre o un padre, ver a su hijo sonreír o interactuar con ilusión con su "caja de Batman" en medio de un ciclo de quimioterapia es un alivio emocional indescriptible. Les permite conectar con la parte sana e infantil de su hijo, olvidando por un momento la etiqueta de "paciente".
Una red de solidaridad que no deja de crecer
Lo que hace especial a Chemobox es que no es un producto comercial que se vende en farmacias, sino un movimiento de solidaridad. Las cajas se entregan gratuitamente a los hospitales y a las familias que las solicitan. Detrás de cada caja hay un voluntario que ha dedicado horas a imprimirla, lijarla, pintarla y decorarla con vinilos para que quede perfecta.
Existen diferentes modelos y adaptaciones, pero todos comparten el mismo fin: esconder lo feo para mostrar lo bonito. En un mundo donde a veces la medicina puede resultar invasiva y traumática, iniciativas como esta nos recuerdan que el cuidado emocional es tan importante como el farmacológico. Chemobox demuestra que, a veces, un trozo de plástico de colores bien intencionado puede ser la mejor medicina para el alma de un niño que lucha contra un gigante.
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