'Iniesta de mi vida': Diez años del Mundial

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La Selección española celebra el décimo aniversario del gol de Iniesta / Diario AS

Lectura fácil

Hoy se cumplen diez años de la conquista del Mundial de Sudáfrica.

El grito de José Antonio Camacho que se hizo mundialmente famoso resuena en las cabezas de los

Aficionados poque hoy es 11 de julio.

Tras ganarlo todo de 2008 a 2012, España volvió a lo que nos contaban nuestros mayores.

 

La rocosa selección de Holanda frente a España. Esa España que había tocado el cielo dos años antes con un gol de Fernando Torres. Esa selección era favorita pese a caer en el primer partido del grupo con una débil selección Suiza. 2010. Aquel año cerraba una década prodigiosa para el fútbol español. Empezó con aquella insignia que lucía con orgullo Di Stéfano: el Real Madrid era el mejor club del s. XX y había empezado el Real Madrid galáctico.

A esa época extraterrestre le sigue un Fútbol Club Barcelona de leyenda, Iniesta y Xavi, como aquellos violinistas del Titanic que con la selección se hundían hasta 2006. Hasta que Luis Aragonés cogió la batuta de aquel equipo y lo reconvirtió. España pasó de jugar a “a ver si pasamos de cuartos”, a ser la envidia de todos con el tiki taka. Un escándalo. España se deshizo de Italia, de Alemania. Se deshizo de todas aquellas selecciones que nos habían marcado en el pasado y llegamos a reinar en Viena en 2008.

De reinar en Europa a ser Campeón del Mundo en 2010

Dos años después vino el Mundial. La Selección cambiaba la labia de Luis por la tranquilidad de Del Bosque, pero el resultado era el mismo. Cayó Portugal, Paraguay, Alemania en semis y Holanda en la gran final. Todos sabemos aquella historia. Nos acordamos del cabezazo de Puyol en semifinales y de aquel árbitro en la final: Howard Webb, un lord inglés con aspecto de mortadelo: Calvo, alto y con una cara peculiar.

Xabi Alonso recibe una patada de De Jong / Diario AS
Xabi Alonso recibe una patada de De Jong / Diario AS

Aquel golpe a Xabi Alonso en el pecho nos dolió a todos, la dureza de Holanda se palpó desde el minuto 1 y sin embargo, ese mal sueño nos duró hasta el minuto 116 con el famoso “Iniesta de mi vida” de José Antonio Camacho, quien como seleccionador había vivido probablemente el mayor robo de la historia del fútbol: dos goles anulados frente a Corea y aquel cabreo del banquillo español con Al Ghandour.

Aquella generación había vivido el no saber que había después de cuartos. Quizás semifinales o vivir una ceremonia del podio como protagonistas. Todo era quizás. De aquel partido sólo recuerdo el gran despeje de Iker Casillas, sin duda, el héroe de aquel partido, a quién una década después se le niega cualquier opción de homenaje en cualquier lado. Y, por supuesto, el gol de Andrés Iniesta y su generosidad infinita al acordarse de Dani Jarque, que murió tras un episodio de muerte súbita en 2009, la misma patología que otro futbolista, Antonio Puerta, que falleció en 2007.

Desde 2012 todo son bandazos  

Desde 2012 nada es como antes. O sí. Vivimos muy bien durante cuatro años en los que España estaba en la cima del fútbol europeo y mundial. Aragonés, Del Bosque… Sin embargo, Del Bosque quiso morir futbolísticamente al lado de los suyos y, así les fue. Jugadores de más de treinta años que deambulaban por el campo como si nada les importara y a las primeras de cambio, a casa. Habían ido a Brasil de vacaciones y no a jugar una Copa del Mundo.

Tras Brasil en 2014, vino la Eurocopa de Francia en 2016 y, el resultado fue el mismo: caer a las primeras de cambio porque no había ningún plan. 2018 certificó una muerte antes de empezar. España recuperaba su esencia. No obstante, el seleccionador español decidió escuchar al Real Madrid y, en cuanto terminara la cita mundialista de Rusia recalaría en Valdebebas.

Tan pronto como se supo, el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, acudió a sus deseos más íntimos y le despidió. Despidió al hombre con el que España preparaba el Mundial horas antes de debutar. Fue dantesco. Colocaron a Hierro y, España logró llegar a octavos. De ahí no pasó. Lo difícil que es alcanzar la cima y lo fácil que es caer.

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