Las colas del hambre para recoger comida siguen creciendo en Madrid

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Las colas del hambre para recoger comida siguen creciendo en Madrid

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Desde que llegó a España la pandemia por coronavirus,

las llamadas colas del hambre para recoger comida

no han dejado de crecer en la Comunidad de Madrid.

Ante esta crisis sanitaria, social y económica,

la solidaridad de los madrileños para apoyar a quienes peor lo estaban pasando

ayudó a miles de personas cuando llegó la pandemia.

En estos momentos, en plena la segunda ola de coronavirus,

el reto es aún mayor.

El padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz, ayuda desde hace años a los más necesitados

en la Iglesia de San Antón, en el centro de Madrid,

y ha dicho que lo que nos toca ahora es salvar vidas.

Por los datos que nos siguen dando de fallecimientos y de contagios,

la situación no es buena.

Pero tiene la buena pinta de que nos estamos concienciando

ante este problema, ha dicho.

Desde que llegó a España la pandemia por coronavirus, las llamadas ‘colas del hambre’ para recoger comida no han dejado de crecer en la Comunidad de Madrid.

Ante esta crisis sanitaria, social y económica, la solidaridad de los madrileños para apoyar a quienes peor lo estaban pasando ayudó a miles de personas cuando llegó la pandemia. En estos momentos, en plena la segunda ola de coronavirus, el reto es aún mayor.

“En España hay pobreza y hay hambre”

El padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz, ayuda desde hace años a los más necesitados en la Iglesia de San Antón, en el centro de Madrid, y ha apuntado que “lo que nos toca ahora es salvar vidas. Por los datos que nos siguen dando de fallecimientos y de contagios, la situación tiene muy mala pinta. Pero tiene la buena pinta de que nos estamos concienciando”, asegura.

Su esperanza es la solidaridad que ha visto entre los vecinos. Cree que las autoridades y la sociedad empiezan a reconocer la situación, porque en España “hay pobreza y hay hambre. Hay que ser realistas, estas enfermedades no son un juego, pero hay que tener esperanza y luchar”.

La solidaridad vecinal hace frente al hambre

Las personas que necesitaban ayuda a poder comer a diario eran muchas en Madrid, pero la situación actual ha hecho que ahora sean muchas más. Al respecto, el padre Ángel ha señalado que “hay mucha gente que cuando llega la noche no tiene nada que dar de comer a sus hijos. Hay muchas personas que tenían negocios y los han perdido y no tienen para comer y vienen a pedir ayuda. Son personas que antes tenían un trabajo, podían comprar pan y leche. Hoy necesitan ir a los bancos solidarios para comer una vez al día”.

En la despensa solidaria de Carabanchel se está haciendo muy buen trabajo, son una muestra de solidaridad vecinal, ya que están repartiendo 200 cestas semanalmente entre las personas que más las necesitan.

Esta organización, desde que empezó la pandemia, no ha parado de aumentar su capacidad. En la actualidad tienen una lista de 247 familias, pero no llegan a todas. Un total de 52 están en lista de espera. Cuando una se da de baja porque ya no lo necesita, atienden a otra. En total llevan ya 500 hogares.

Muchas familias madrileñas necesitan ayuda

Muchas personas se abastecen durante la pandemia con el apoyo de los vecinos y comercios que les proporcionan alimentos. Las mismas personas que necesitan esos productos, se encargan de organizarlos y repartirlos.

Una de las personas que participan en la organización es Yelena Sevich, quien pensaba que con el Ingreso Mínimo Vital bajaría su actividad, pero "no ha bajado el número de peticiones y constantemente tenemos una lista de espera de 50 personas”. Estas personas viven al día y dependen totalmente de la voluntad y la colaboración del barrio. No tienen ningún apoyo institucional.

Desgraciadamente, lo peor parece que está aún por llegar. En días de lluvia, como esta semana en Madrid, la situación se complica. “Estamos preparando mantas para los que duermen en la calle. Hoy mismo, fue un día lluvioso, en la Iglesia de San Antón se estaban mojando”, cuenta el padre Ángel, mientras reconoce que es positivo en cuanto a la solidaridad, la cual “ha calado y no hace falta ser una ONG para dar de comer.

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