Bernie prepara otra pandemia

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Bernie Sanders / Crédito: Zach Gibson/Getty Images

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Llega el supermartes, la fecha electoral con más impacto en las primarias de Estados Unidos y de donde saldrá el candidato que luchará con Donald Trump por ser el próximo presidente del país. El senador izquierdista, Bernie Sanders, se erige como principal favorito, incluso por delante del neoyorquino Bloomberg, que va a pagar el haber entrado tarde en la carrera.

El contexto en la campaña electoral ha cambiado mucho en los últimos días

Trump, que venía arrasando en las encuestas, con una economía solvente, el paro en mínimos y WallStreet volando junto al sector tecnológico, ha visto como la situación ha cambiado drásticamente desde la extensión del coronavirus fuera de China. Hemos pasado de epidemia a pandemia y con ello, de máximos históricos a vivir uno de las crash más importante de la historia de la bolsa americana.

La carta del “buen hacer” económico que usaba Trump como principal baza, ha perdido fuelle y ha dado alas a la oposición. Por ello, su administración, está empezando a cambiar el discurso hacia un mensaje donde aparecen otros culpables del desplome bursátil. Los demócratas, la Reserva Federal y China (exportando el virus) serán ahora el centro de su diana. No hay más que leer sus últimos tuits para evidenciar el cambio de tono.

Y no le juzgo, porque en caso de salir elegido Bernie, las caídas vistas la semana pasada pueden ser sólo la punta del iceberg. Bernie Sanders, por si alguien no le ubica aun con exactitud, comparte afinidad ideológica con el antiguo régimen de la Unión Soviética, la Cuba de Fidel Castro y la Nicaragua de Daniel Ortega, países que visitó en los años 80 en completa oposición a la política de Ronald Reagan en aquellos años.  A lo largo de toda su trayectoria política, ha mostrado simpatía con todos ellos, incluso cuando llegó a la alcaldía de Burlington (Vermont) donde intentó crear su pequeño refugio socialista.

No ha escondido nunca que Castro fue un ejemplo para él

En 2016 pronunció las siguientes palabras en un discurso en la Universidad de Vermont:

«Para mejor o peor, la revolución cubana es una revolución muy profunda e intensa. Mucho más profunda de lo que yo había conocido. Más interesante que la sanidad pública gratuita, la educación gratuita y la vivienda gratuita que proporciona es que están, de hecho, creando un sistema de valores muy diferente al que conocemos»

Refiriéndose al régimen cubano, también dijo cosas como: “me pareció justo y apropiado que la gente pobre se levantara contra gente rica y espantosa”.

Muchos lectores, sino todos, estaréis pensando: ¿Cómo es posible que un personaje así llegue a luchar por la carrera presidencial en Estados Unidos? La respuesta es simple, existe una evidencia empírica de que el populismo está resurgiendo en todo el mundo, y, por desgracia, en España no necesitamos irnos muy lejos para comprobarlo.

Con este panorama, somos muchos los que empezamos a verle las orejas al lobo. Recordemos que una crisis financiera, a diferencia de lo que dice nuestro ministro de consumo, no sólo afecta a los ricos, sino a toda la sociedad, incluido ahorradores, empleados, proveedores, productores, inversores, propietarios y todo aquel que participe de la rueda de la economía.

Por ello, para evitar la pandemia Sanders, la administración Trump está empezando a cambiar el discurso. Ya no va de presumir sobre la situación económica y financiera, si no de buscar culpables de la posible crisis que esté por llegar. El juego de la política siempre fue así de sucio.

Trump, a pesar de disparar el déficit público del país y sostener buena parte del crecimiento con deuda, ha conseguido dar cierta estabilidad a la economía. Ante el ciclo de recesión que viene inminentemente, con países como Alemania o Italia ya confirmando pautas, necesitamos firmeza en la mayor economía del mundo, y parece que esa opción sólo llegará si Bernie no pega el campanazo en el mes de noviembre.

Si el nuevo mensaje de Trump no cala, las consecuencias económicas del coronavirus pueden ser más graves de lo que inicialmente podíamos pensar. Agárrense que vienen curvas.

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