El alzheimer plantea retos únicos en personas LGTBIQ+ y con síndrome de Down

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09/01/2026 - 16:00
El XI Congreso Nacional de Alzheimer, celebrado recientemente en Ibiza

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Cuando hablamos de la enfermedad de Alzheimer, la imagen colectiva suele ser homogénea: una persona muy mayor, generalmente rodeada de su familia tradicional, que pierde la memoria progresivamente. Sin embargo, la realidad de la demencia es mucho más compleja y afecta de manera desigual a diferentes grupos de población. Un reciente análisis recogido por Somos Pacientes pone el foco en dos colectivos que, por razones biológicas y sociales muy distintas, se enfrentan a esta enfermedad con una vulnerabilidad extrema: las personas con síndrome de Down y las personas mayores del colectivo LGTBIQ+.

Para estos grupos, el alzheimer no es solo un problema neurológico, sino un desafío que magnifica las barreras que ya enfrentan en su vida diaria. Expertos y asociaciones han lanzado una llamada de atención sobre la necesidad urgente de trabajar conjuntamente para diseñar modelos de cuidado que no dejen a nadie atrás, adaptando los recursos sanitarios y sociales a la diversidad real de la sociedad.

La genética marca el destino: síndrome de Down y envejecimiento precoz

En el caso de las personas con síndrome de Down, el vínculo con el alzheimer es biológico y directo. El gran éxito de la medicina moderna ha sido aumentar su esperanza de vida (hoy superan fácilmente los 60 años), pero este logro ha traído consigo una realidad dura: el envejecimiento prematuro.

La causa reside en la genética. El cromosoma 21, que está triplicado en las personas con este síndrome, es el encargado de producir la proteína precursora del amiloide. Al tener una copia extra, sus cerebros acumulan placas de esta proteína (causante de la enfermedad) mucho antes que la población general. Se estima que, a partir de los 40 años, casi la totalidad de las personas con síndrome de Down presentan signos neuropatológicos de la enfermedad de alzheimer, y un porcentaje altísimo desarrolla demencia clínica en la cincuentena.

El reto aquí es el diagnóstico. A menudo, los primeros síntomas de la demencia se confunden con la propia discapacidad intelectual o se atribuyen a "cosas de la edad". Se necesita una formación específica para que los neurólogos sepan distinguir cuándo un cambio de conducta o una pérdida de habilidades en una persona con síndrome de Down es, en realidad, el inicio de un alzheimer. Además, esto ocurre cuando sus padres (sus cuidadores principales) son ya muy ancianos, creando una situación de "doble dependencia" familiar dramática.

El miedo al armario: la soledad del mayor LGTBIQ+

Si en el síndrome de Down el factor es genético, en el colectivo LGTBIQ+ el factor de riesgo es social. Las personas mayores que pertenecen a la diversidad sexual se enfrentan al alzheimer con una mochila cargada de estigmas. Muchos de ellos vivieron épocas de represión y, al llegar a la vejez y depender de terceros, reviven el miedo al rechazo.

El informe destaca dos problemas clave: la soledad y la discriminación institucional. Estadísticamente, las personas mayores LGTBIQ+ tienen redes de apoyo familiar más débiles (tienen menos hijos y, a veces, están distanciados de sus familias biológicas). Cuando el alzheimer avanza y necesitan cuidados profesionales, surge el terror a ingresar en una residencia. Muchos temen que, si revelan su orientación sexual o identidad de género, recibirán un trato peor o serán aislados por otros residentes o por el personal.

Esto lleva a lo que se conoce como "volver al armario" al final de la vida. Ocultar quiénes son en un momento de máxima vulnerabilidad cognitiva genera un estrés y una ansiedad que empeoran la evolución de la demencia. La falta de entornos seguros y de personal formado en diversidad hace que este colectivo sufra la enfermedad en un aislamiento mucho más profundo que el resto de la población.

Un futuro de cuidados personalizados e inclusivos

Abordar estos dos retos requiere una transformación del sistema sociosanitario. No basta con tratar la pérdida de memoria; hay que tratar a la persona en su contexto. Para el síndrome de Down, esto implica crear unidades específicas de "envejecimiento y discapacidad" en los hospitales, con protocolos de cribado temprano adaptados. También requiere planificar el futuro de estas personas cuando sus padres ya no estén.

Para el colectivo LGTBIQ+, la solución pasa por la formación en valores y derechos humanos en las residencias y centros de día. Es necesario garantizar espacios libres de LGTBIfobia donde puedan vivir su demencia con dignidad, acompañados de sus parejas (si las tienen) y respetados en su identidad.

La lucha contra el alzheimer no puede ser "talla única". Reconocer las necesidades específicas de estos grupos es el primer paso para una sanidad más justa, donde la calidad de los cuidados no dependa de los cromosomas ni de a quién se haya amado.

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