Una mente maravillosa, Ayn Rand

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Ayn Rand

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A pesar del título del artículo, no vamos a hablar de John Forbes Nash, sino de la filósofa y escritora rusa Ayn Rand, una de esas mentes que nunca caducan. Para los neófitos del liberalismo, quizá sea un nombre más, pero esta mujer, nacida en 1905 la Rusia zarista, es el alma del concepto “individualismo”, base de la moral antisocialista.

Influenciada por la unión Soviética, Rand, vivió toda su juventud inoculada contra el comunismo y sabía que era muy fácil que los logros de la civilización, Estado de Derecho, democracia, mercado y derechos individuales peligraran en todo el mundo por la influencia del colectivismo o, como a ella le gustaba llamarlo, altruismo. En su madurez, profundizó todos estos conceptos en su extensa biografía, colmada con su obra prima, La rebelión de Atlas.

Su tesis se centra en que la libertad individual siempre debe primar sobre la colectiva, ya que no debe haber nada más importante que uno mismo. Desde el punto de vista teórico, apunta a un racionalismo extremo, que, llevado al campo político-económico, potencia la idea de capitalismo puro, algo aun alejado de lo que conocemos hoy en día, con economías muy intervenidas por el poder político.

Por tanto, Rand se rebela y niega el derecho de la sociedad a imponer al individuo deber alguno que no sea el trinomio: vida, libertad y propiedad. Todo lo que exceda de ese ámbito mínimo sólo podría ser cuestión de elección y no de coacción. En la actualidad, es inevitable pensar como su tesis vería la actual socialdemocracia como un semitotalitarismo, con la mitad de las libertades económicas y sociales controladas por un Estado, que impone las normas, muchas veces por interés propio, otras con el objeto de mantener el orden, pero, en cualquier caso, para hacer ingeniería social.

En la misma línea, hemos visto muchos referentes del liberalismo coincidir con esa filosofía, desde Milton Friedman hasta Alan Greenspan o Murray Rothbard. Otros escritores contemporáneos como Charles Bukowski también reflexionaron en esa idea, no hay más que ver alguna de sus célebres frases: “La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes."

En suma, veía toda ingeniería social como la total sumisión del individuo a la muchedumbre. Parece claro que perder las libertades individuales por beneficios colectivos acaba generando ineficiencias y concentraciones de poder con el tiempo. De esta manera, Rand considerara el altruismo una “apabullante inmoralidad”.

Así Rand entiende que los derechos sociales (por ejemplo, vivienda), las subvenciones, subsidios y demás intervenciones son una perversión indigna de una sociedad libre. El hombre que produce mientras otros disponen del producto de su esfuerzo es un esclavo.

Yo, particularmente, comparto íntegramente esta idea

El altruismo es muy loable y meritorio si es voluntario, pero es una tremenda barbaridad querer imponerlo de forma obligada.

Si todo lo que los derechos sociales cubren (empleo, educación, vivienda, asistencia médica, etc) exigen que ciertos hombres tengan que proveerlos, algunos hombres tendrán más derechos que otros porque al que produce se le niega el derecho al fruto de su propio trabajo. Ante esto, Rand entiende que todo aparente “derecho” de un hombre que requiere que los derechos de otro sean violados, no es ni puede ser un derecho.

De esta manera, y ante esta consideración individualista de los derechos, solo cabe pensar en la existencia del poder político para evitar la violencia y el desorden social, o lo que es lo mismo, un sistema minarquista, que, aplicado a la actualidad, representaría como máximo, un Estado de entre el 5 y 10% del PIB del país.

De ahí nace su defensa a ultranza del capitalismo, el cual define como un sistema social basado en el reconocimiento de los derechos individuales. Es el único sistema que permite, a través de la libre asociación, beneficiar al conjunto de la sociedad.

Sin embargo, aun no hemos podido comprobar si este ideario responde a una realidad utópica o si realmente mejoraría las condiciones de la sociedad, partiendo del propio individuo como epicentro. Desque aquí quiero aportar mi pequeño granito de arena para, por lo menos, ir generando debate en torno a esta tesis.

Para cerrar, dejo una de las últimas frases que dejó Rand en vida: “Mis puntos de vista filosóficos aún no son parte de la historia de la filosofía. Pero lo serán”.

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