Los niños han estado confinados más de seis meses de media en el mundo, con un "efecto devastador"

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16/10/2021 - 08:00
El confinamiento aumenta el riesgo de depresión, ansiedad y soledad, según Save the Children

Lectura fácil

Los niños de todo el mundo han sufrido de media seis meses de confinamiento desde el inicio de la pandemia de la Covid-19, lo que acrecienta la preocupación por el aumento de los niveles de depresión, ansiedad, soledad e incluso autolesiones.

Así se explica en un nuevo análisis realizado por Save the Children a partir de datos del Oxford Covid-19 Government ResponseTracker y difundido el pasado viernes con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, celebrado el domingo.

El estudio indica que los niños de todo el mundo han vivido de media seis meses (184 días) de confinamientos obligatorios y recomendados por las autoridades para frenar la expansión del coronavirus, según recoge Servimedia.

La infancia en Venezuela ha sido la que ha vivido más tiempo confinada, con cierres intermitentes de más de 16 meses (491 días), seguida de la de Líbano, con casi 14 meses (418 días). En Zimbabue, los menores han estado confinados casi nueve meses (266 días) durante este año.

La infancia y la adolescencia de casi todos los países ha sufrido algún tipo de confinamiento durante la pandemia de Covid-19. En los países de ingresos altos, como Canadá, algunos niños, niñas y adolescentes han permanecido encerrados durante un total de 13 meses (402 días).

Aunque los países con ingresos altos tienen un mejor acceso a servicios de salud mental, la infancia de estas naciones también puede experimentar alteraciones en sus ciclos de sueño, rutinas de juego, interacciones sociales, educación online, así como un mayor riesgo de sufrir daños en el entorno online. Todos estos factores pueden poner en riesgo su salud mental.

En Europa, los cierres han mantenido a los menores en casa durante una media de nueve meses. En Nepal, los niños han permanecido en el hogar hasta 12 meses desde que comenzó la pandemia. Y en la India, la infancia ha pasado al menos 100 días en casa.

El “efecto devastador" del confinamiento

Save the Children advierte de que el confinamiento prolongado está teniendo “un efecto devastador” en la salud mental de los niños en todo el mundo e insta a todos los Gobiernos a incluir en sus sistemas nacionales de salud servicios de apoyo psicosocial y de salud mental para la infancia y la adolescencia.

La última encuesta realizada por Save the Children España, en marzo de este año y en la que participaron casi 1.300 familias vulnerables a las que la organización apoya en diferentes comunidades autónomas, señalaba que más de la mitad de los niños habían sufrido cambios negativos en su estado emocional, con el desarrollo de estrés o ansiedad. Para ofrecer apoyo emocional a niños, niñas y adolescentes, la organización cuenta con una línea telefónica de ayuda que ha atendido en el último año casi 700 consultas.

Los niños y niñas que sufren confinamiento prolongado corren un mayor riesgo de sufrir angustia emocional, soledad y abusos, y se enfrentan a la falta de acceso a servicios adecuados de salud mental. En algunos casos, el estrés prolongado, la incertidumbre y el aislamiento social también pueden provocar ansiedad, agresividad, comportamiento retraído o incluso depresión y autolesiones, según Save the Children.

"Se está produciendo una crisis mundial de salud mental y para algunos niños y niñas sus efectos pueden ser catastróficos. La infancia en situación de pobreza o de vulnerabilidad tiene mayor riesgo de sufrir las consecuencias perjudiciales de los confinamientos de larga duración”, señaló Marie Dahl, jefa de la Unidad de Salud Mental y Apoyo Psicosocial de Save the Children.

"La privación de estímulos sociales puede afectar gravemente a la salud mental y al desarrollo de la infancia"

En el ámbito internacional, otra encuesta realizada por la organización en septiembre de 2020 entre más de 13.000 niños y niñas de 46 países reveló que el 83 % mostraron un aumento de los sentimientos negativos debido a la pandemia, con una incidencia mucho mayor para la gran mayoría de la infancia (96 %) con motivo del cierre de las escuelas entre 17 y 19 semanas.

Desde entonces, la situación de muchos niños y niñas ha empeorado, ya que los países han luchado contra la tercera o cuarta ola del virus, las situaciones de confinamiento han continuado y las escuelas en algunos países han estado cerradas durante más de 18 meses.  

"La privación de estímulos sociales puede afectar gravemente a la salud mental y al desarrollo de la infancia. Aunque el confinamiento es necesario para frenar la propagación del Covid-19, el aislamiento social puede provocar sentimientos de desesperanza, ansiedad y depresión entre los niños y niñas. La falta de respuesta a esta crisis de salud mental podría tener implicaciones para ellos a largo plazo en su bienestar, desarrollo y mala salud en general, incluso después de que se levanten las restricciones", apunta Dahl.

La proposición de Ley estatal de Salud Mental tiene en cuenta los derechos de niños, niñas y adolescentes

La proposición de Ley General de Salud Mental, que a principios de octubre dio sus primeros pasos tras recibir el apoyo del Congreso, incluye un capítulo específico reservado a la salud mental de los menores. Así, los artículos 20 al 23 del capítulo III establecen las siguientes medidas:

Artículo 20. Derechos de niños, niñas y adolescentes

1. Todo niño, niña y adolescente tiene garantizados sus derechos humanos y libertades fundamentales recogidos en los tratados internacionales, en la Constitución y en las leyes. En el ámbito de salud mental, el niño, niña o adolescente tiene derecho a:

a) Acceder a una atención pública especializada y de calidad que ponga en el centro sus necesidades, inquietudes y deseos en cuestiones de salud mental.

b) Recibir información no sesgada y en un lenguaje accesible sobre las cuestiones que le afecten en materia de atención a su salud mental y su desarrollo psicológico y social; por ejemplo, sobre las alternativas de intervención y tratamiento.

c) Expresar su opinión libremente y ser escuchado sobre las cuestiones que le afecten, y que su opinión sea tenida en cuenta, de acuerdo con su madurez cognitiva, emocional y social, en relación con cualquier intervención o tratamiento.

d) Preservar su privacidad e intimidad, en especial en relación con la información personal registrada por las instituciones, de la que debe estar garantizada su confidencialidad.

e) Recibir un trato digno y humano, libre de violencia y acoso, en cualquiera de los contextos en el que el niño, niña y adolescente se desarrolle: hogar, escuela, centros y servicios de salud mental, casas de acogida, centros residenciales o cualquier otro.

f) Estar protegido contra cualquier trato inhumano o cruel, allá donde se encuentre y con independencia de cualquier condición personal o situación precedente. Será exigible la valoración rigurosa de medidas tales como tratamientos involuntarios o coercitivos, reclusión o aislamiento, o contenciones sin control, en cualquier lugar y/o situación, por ejemplo, en las unidades de hospitalización o centros residenciales de cualquier clasificación, tendiéndose a la eliminación de estas actuaciones.

Artículo 21. Prevención primaria

1. Se implementarán programas específicos orientados a la prevención primaria y a la promoción de la salud mental en los centros de atención primaria, en centros educativos y en los servicios sociales, dirigidos especialmente a la población infanto-juvenil y sus familias, identificando y abordando factores de riesgo psicológicos y sociales.

2. Se facilitará la conexión entre estas estructuras y se promocionarán los factores protectores en los centros educativos y estructuras familiares con el concurso de los profesionales sanitarios y trabajadores sociales del equipo de atención primaria correspondiente.

Artículo 22. Prevención secundaria

Se implementarán entrevistas dirigidas a predecir problemas psicológicos y sociales que puede plantear la persona en todo su proceso vital, así como programas específicos de prevención secundaria que se iniciarán al comienzo de los síntomas, garantizando los siguientes criterios y principios:

  1. Atención accesible.
  2. Atención integral a todo el sistema familiar, así como el cuidado personalizado y continuado.
  3. Prevención y lucha contra la estigmatización, y protección de la identidad del niño, niña y adolescente, preservándola de la identidad de enfermo. Se considerará el diagnóstico como un instrumento de comunicación entre profesionales y se desarrollarán estrategias y procesos para prevenir que la categoría diagnóstica genere efectos identitarios.
  4. Protección contra la psiquiatrización y medicalización del niño, niña y adolescente, promoviendo una atención orientada a la resiliencia desde los recursos comunitarios. Se prohíbe la medicalización preventiva.
  5. Ordenación y coordinación de recursos, delimitando los circuitos asistenciales y las funciones y momentos de intervención de cada parte del sistema, optimizando e incrementando la inversión en actividades e intervenciones catalogadas como buenas prácticas que han venido contribuyendo a la sostenibilidad del sistema, y estableciendo garantías de eficiencia y eficacia. Se reforzarán los espacios de colaboración y coordinación entre los dos niveles asistenciales, compartiendo la responsabilidad de los cuidados profesionales entre atención primaria de salud y atención especializada, permitiendo dar respuesta a los llamados malestares psicosociales o malestares de la vida cotidiana y frenando los cada vez más frecuentes procesos de psicologización, psiquiatrización o medicalización de la vida cotidiana de las personas.

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