La innovación tecnológica está, ahora más que nunca, al servicio de las personas con baja visión o ceguera

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Señor con discapacidad visual utilizando OrCam MyEye para leer el periódico / OrCam Technologies

Lectura fácil

Artículo opinión Fabio Rodríguez, responsable en OrCam Technologies para España y Portugal.

OrCam es una empresa especializada en crear dispositivos tecnológicos
para personas con discapacidad visual.
Entre las creaciones de OrCam destaca un aparato llamado OrCam My Eyes
que sirve para que personas ciegas o con discapacidad visual 
puedan leer, reconocer objetos por la calle o incluso reconocer personas.

Fabio Rodríguez relata cómo la tecnología ha ayudado a diferentes personas 
durante la pandemia de coronavirus.

Nos hemos acostumbrado a no tocar, a guardar la distancia con el resto de personas,
a seguir indicaciones sobre por dónde entrar, dónde sentarse o dónde situarse. 
Reglas de convivencia, seguridad y salud que precisan, inevitablemente, el sentido de la vista,
pero ¿qué ocurre cuando falta este sentido?

Las limitaciones de las personas que sufren algún tipo de discapacidad visual o ceguera
se han incrementado de una forma exponencial. 

Para suplir estas carencias, las personas con deficiencias visuales o cegueras
tendían a apoyarse en el tacto,
ahora no les ha quedado más remedio que apoyarse en la tecnología asistencial.  

Las asociaciones de ayuda a personas con discapacidad visual 
tienen ahora más que nunca la dura tarea de apoyar a este sector de la sociedad.
La llamada nueva normalidad está configurada de una manera que las personas con baja visión o ceguera
no pueden entender qué se hace mediante un cartel de aforo,
un mensaje escrito, un bote de gel o un dispensador de guantes
que en muchas ocasiones no saben dónde se ubica o si lo hay.

La tecnología asistencial a personas con baja visión o ceguera es un gran aliado.

A día de hoy existen varias aplicaciones y dispositivos
que ayudan a mejorar la calidad de vida de las personas
y todas ellas tienen en común que han surgido a raíz de problemas
que tienen personas con baja visión que no eran solucionados por los productos existentes.

Por un lado hay aplicaciones como Lazzus,
que proporciona información relevante del entorno en el que está
en el momento de su uso en un radio de 100 metros;
o TapTapSee, un reconocedor de objetos mediante una fotografía con la cámara del móvil
que permite conocer cuestiones básicas pero importantes,
como el color de la prenda que tiene en la mano.

Por otro lado hay empresas como OrCam Technologies
que lleva más de 10 años trabajando para desarrollar dispositivos asistenciales
focalizados en paliar problemas derivados de la baja visión.
Con cámaras ultra inteligentes los usuarios con discapacidad visual de 45 países, entre ellos España,
pueden elegir entre cuatro dispositivos que les permitirán realizar tareas antes impensables
como puede ser leer un libro físico siendo ciego,
reconocer a personas o dar comandos de voz al dispositivo para que les asista.

Desde que la pandemia de la Covid-19 entró en nuestras vidas nos hemos acostumbrado a no tocar, a guardar la distancia con el resto de personas, a seguir indicaciones sobre por dónde entrar, dónde sentarse o dónde situarse. Reglas de convivencia, seguridad y salud que precisan, inevitablemente, el sentido de la vista, pero ¿qué ocurre cuando falta este sentido?

Las limitaciones de las personas que sufren algún tipo de discapacidad visual o ceguera se han incrementado de una forma exponencial. Se calcula que en torno al 80 % de la información que necesitamos para nuestra vida cotidiana la recibimos a través de la visión, de los ojos. La mayoría de las habilidades que poseemos, de los conocimientos que adquirimos y de las actividades que desarrollamos, las aprendemos o ejecutamos basándonos en información visual.

Para suplir estas carencias, las personas con deficiencias visuales o cegueras tendían a apoyarse en el tacto, ahora no les ha quedado más remedio que apoyarse en la tecnología asistencial. La necesidad del ser humano de sentirse parte de una comunidad viene implícita desde el momento en el que comenzamos a vivir en sociedad. Es importante mentalizar a la sociedad de que una discapacidad visual no es solo aquella en la que la pérdida de visión es total por parte de la persona, sino que existe una escala de grises que hay que tener en cuenta.

Las asociaciones de ayuda a personas con discapacidad visual como la Sociedad Española de Especialistas en Baja Visión (SEEBV), Tengo Baja Visión,  la Asociación de Profesionales de la Rehabilitación de Personas con Discapacidad Visual (ASPREH) o la ONCE,  tienen ahora más que nunca la ardua tarea de apoyar a este sector de la sociedad. La “nueva normalidad”  está configurada de una manera que las personas con baja visión o ceguera no pueden entender qué se hace mediante un cartel de aforo, un mensaje escrito, un bote de gel o un dispensador de guantes que en muchas ocasiones no saben dónde se ubica o si lo hay.

La tecnología asistencial a personas con baja visión o ceguera es un gran aliado en esta “nueva normalidad”

La baja visión o ceguera limita afecta a todo aquello que engloba el desempeño laboral, a las actividades en familia en definitiva afecta no solo a la autonomía sino a las relaciones personales. Un paciente diagnosticado con baja visión pasará por varias etapas en las que se requerirá de todo el apoyo y comprensión posible hasta poder guiarlo a un proceso de rehabilitación que le permita seguir gozando de un buen grado de autonomía y sentirse independiente.

A día de hoy existen varias aplicaciones y dispositivos que ayudan a mejorar la calidad de vida de las personas y todas ellas tienen en común que han surgido a raíz de problemas que tienen personas con baja visión que no eran solucionados por los productos existentes.

Por un lado hay aplicaciones como Lazzus, que proporciona información relevante del entorno en el que está en el momento de su uso en un radio de 100 metros; o TapTapSee, un reconocedor de objetos mediante una fotografía con la cámara del móvil que permite conocer cuestiones básicas pero importantes, como el color de la prenda que tiene en la mano; son básicas para el día a día de sus usuarios.

Por otro lado hay empresas como OrCam Technologies que lleva más de 10 años invirtiendo en I+D, para desarrollar dispositivos asistenciales focalizados en paliar problemas derivados de la baja visión. Con cámaras ultra inteligentes los usuarios con discapacidad visual de 45 países, entre ellos España, pueden elegir entre cuatro dispositivos que les permitirán realizar tareas antes impensables como puede ser leer un libro físico siendo ciego, reconocer a personas o dar comandos de voz al dispositivo para que les asista en ciertas tareas.

Una de las mayores dificultades a las que se enfrentan las personas ciegas o con baja visión en su día a día es reconocer el entorno en el que se encuentran, para ello, el dispositivo Eyesynth desarrollado por una startup de Castellón, con el mismo nombre que su producto, permite al usuario reconocer el entorno a través de la emisión de sonidos. Estos se transmiten directamente a los huesos de la cabeza mediante unas almohadillas, sin necesidad de auriculares y, por tanto, dejando libres los oídos. Es la combinación de un chip de alto rendimiento, sensores y un software especialmente diseñado para el procesamiento de imágenes.

Uno de los asistentes virtuales más conocidos en el mercado es Alexa, pues bien, su objetivo inicial no era dar apoyo a las personas con baja visión, pero a día de hoy se ha convertido para muchos en un gran apoyo tecnológico gracias a los comandos vocales que facilitan muchas tareas cotidianas a personas con deficiencia visual.

La tecnología unida a la inteligencia artificial aporta a las personas con baja visión o ceguera una nueva forma de vida. A día de hoy la mayoría de la gente con problema de vista es la población con más edad de la sociedad lo que limita también su movimiento físico, le tecnología les puede mantener activos mental y físicamente. La tecnología es por tanto una gran aliada para sociedades con pirámides de población invertidas como la española.

Soledad, otro síntoma del COVID

La sociedad ha tenido que adaptarse rápidamente a las medidas adoptadas para ayudar a contener su propagación del virus. El confinamiento fue, en gran medida, una situación que, para todos aquellas personas con problemas de visión, acentuó la falta de relaciones sociales.

Es importante destacar que la soledad puede afectar a cualquier persona, pero hay que prestar especial atención a aquellos colectivos más vulnerables, como son las personas que viven solas, los más mayores y las personas con baja visión o ceguera. Pasados los meses más duros de confinamiento y la relativa vuelta a la normalidad, muchas de las personas con problemas de visión ven con miedo la vuelta a otro encierro, tras los rebrotes que España está viviendo, que los aleje de amigos y familiares. Y es que el sentimiento de soledad es una emoción que, a largo plazo, puede manifestarse de muchas maneras, tanto a nivel físico como psicológico, y que a su vez puede desembocar en un aumento de los niveles de ansiedad. Nuevamente la tecnología asistencial juega un importante papel. Las notas de voz de WhatsApp, las aplicaciones de lectura de mensajes del móvil, OrCam MyEye… son solo algunas de las opciones que las personas con baja visión o ceguera tienen como apoyo para sentirse más empoderados.

Este 2020 está siendo un año diferente, histórico,  que va a cambiar las normas sociales y nuestra mentalidad. Muchos han sido los que comentaban que la tecnología nos distanciaba,  pero curiosamente con el paso de los meses de este año se ha convertido en una de las herramientas que nos acerca más socialmente.

2020-11-16

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