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Todas las ciudades del mundo deben reinventarse para y por las personas que viven en ellas

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El día a día de las ciudades se verá afectado por el cambio climático (BenGoode / Getty Images/iStockphoto)

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Las grandes ciudades se preparaban para mitigar y adaptarse 
a uno de los mayores quebraderos de cabeza a los que se enfrenta la humanidad: el cambio climático.

Precisamente, debido a la concentración de la población,
las ciudades juegan un papel crucial en la lucha por el clima,
siendo responsables del 70% de las emisiones globales de gases contaminantes. 

Sin embargo, más allá del cambio climático,
el día a día de las ciudades se ha visto afectado por el coronavirus, 
una cuarentena que nos permitió observar de primera mano los problemas ambientales.

Además. de estos problemas,
hemos sido testigos de la problemática social y estructural
que guarda una relación directa con nuestros hábitos de vida y rutinas.

Horas interminables de desplazamientos, ruidos, aire contaminado y un consumismo desmesurado...
así era nuestro día a día antes de la nueva normalidad.
Hoy más que nunca, es crucial un cambio en el sistema de producción y consumo convencional
para frenar la crisis climática, pero también la crisis social. 

Se hace más necesario que nunca que se establezcan y cumplan políticas
que defiendan la calidad del aire, los espacios urbanos para la ciudadanía,
una ciudad transitable a pie y un sistema de alimentación con foco en el consumo sostenible y local.

Solo así tendremos las ciudades seguras, justas y sostenibles.

Las grandes ciudades se preparaban para mitigar y adaptarse a uno de los mayores quebraderos de cabeza a los que se enfrenta la humanidad: el cambio climático. Precisamente, debido a la concentración de la población, las ciudades juegan un papel crucial en la lucha por el clima, siendo responsables del 70% de las emisiones globales de CO2. Son, por tanto, la principal amenaza para el clima, pero también pueden ser una parte importante de la solución del problema.

Sin embargo, más allá del aumento de temperatura y de la mayor frecuencia de fenómenos climatológicos extremos, el día a día de las ciudades se ha visto afectado por el coronavirus.

Una cuarentena sin precedentes y tan repentina que nos permitió observar de primera mano toda esta serie de problemas ambientales.

Además. de estos problemas, hemos sido testigos de la problemática social y estructural que guarda una relación directa con nuestros hábitos de vida y rutinas.

Este parón de las ciudades también ha evidenciado las profundas desigualdades en ellas. Las clases sociales más pobres, muchas de las cuales forman parte de los servicios básicos de una ciudad, han sido las más perjudicadas.

La actividad en ciudades que nunca duermen ha estado paralizada durante meses

El coronavirus nos ha obligado a observar desde nuestras ventanas la gran parálisis de las ciudades y, al mismo tiempo, su resurgir.

Echando la vista meses atrás, gracias a un reportaje de EL PAÍS, recordamos el 11 de marzo en Roma, la ciudad eterna, se hizo el silencio. Se cerraron las puertas, se confinaron las personas y el ritmo furibundo frenó en seco. Tres días más tarde, también se cerraba Madrid. Esa otra ciudad que nunca duerme se sumió en un sueño roto por el paso de las ambulancias y los aplausos de las ocho de la tarde. Al otro lado del Atlántico, Bogotá amaneció el 20 de marzo con un simulacro de aislamiento preventivo que cambió de golpe las rutinas y estilos de vida de sus habitantes. En Ciudad de México se declaró la emergencia sanitaria el 30 de marzo, otra ciudad colorida, también contaminada y ruidosa, se quedaba muda.

La cuarentena ha supuesto una parálisis sin precedentes en ciudades de todo el mundo. Sin embargo, a uno y otro lado del océano, las ciudades han mostrado su lado más humano. Las redes de ayuda han proliferado en cada ciudad.

Un elemento clave del bienestar de las personas y del planeta

Horas interminables de desplazamientos, ruidos, aire contaminado y un consumismo desmesurado... así era nuestro día a día antes de la tan nombrada 'nueva normalidad'. Hoy más que nunca, es crucial un cambio en el sistema de producción y consumo convencional para frenar la crisis climática, pero también la crisis social. 

A medida que las ciudades se han ido despertando, también el espacio público vacío de coches ha sido ocupado de nuevo pero esta vez hemos preferido ocuparlo abrazando la movilidad sostenible.

En Madrid, la ciudadanía tomó las calles para correr o caminar. En Bogotá, se ampliaron sus carriles bici sumando un total de 630 kilómetros, una medida que le ha valido el reconocimiento mundial por su apuesta por un sistema de movilidad más eficiente, limpio, cómodo y sostenible. Roma también ha anunciado nuevas normas en esta línea: 150 kilómetros de nuevos carriles bici transitorios.

Las ciudades liderarán el cambio por un mundo más sostenible

Se hace más necesario que nunca que se establezcan y cumplan políticas que defiendan la calidad del aire, los espacios urbanos para la ciudadanía, una ciudad transitable a pie y un sistema de alimentación garantizado con foco en el consumo sostenible y local. Solo así tendremos las ciudades seguras, justas, resilientes y sostenibles.

Por el contrario, disminuirá la disponibilidad de agua, llegarán enfermedades infeccionas, habrá cambios en la flora y la fauna, más polución…

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