El aula tradicional, crónica de una muerte anunciada

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26/05/2020 - 13:06
El aula tradicional se transforma en hiperaula.

Lectura fácil

Las antiguas aulas nacieron en un contexto de escasez de la información y recursos limitados, ahora estamos asistiendo a una progresiva y significativa reconfiguración del aprendizaje, en particular de los espacios escolares y de las formas de organización asentadas en ellos.

La crónica de una muerte anunciada: el aula tradicional

La insatisfacción creciente en la sociedad, con el transcurso del tiempo, y entre el alumnado, con tantos años de pupitre ha impulsado a replantear la forma en la que se aprende. La información ya no es escasa sino, al contrario, sobreabundante, y el conocimiento mismo, sobre todo el escolar, está disponible, igual y mejor, en cualquier plataforma digital.

En los últimos años hemos sido testigos de una sucesión de alternativas a la escuela. Plataformas como homeschooling, p2p, edupunk, DIY, MOOCs, han llegado para quedarse. Estos avances recuerdan viejas profecías incumplidas sobre la sustitución del docente por el cine, la radio o la televisión.

De las aulas a las hiperaulas

Aula tradicional
Aula tradicional

A día de hoy hay muchas variantes y posibilidades de aprender. Muchas de estas iniciativas confluyen en la ruptura de la vieja ecuación que asocia un docente a un grupo, un aula y, desde secundaria, una asignatura y una hora, para ir a espacios y tiempos más amplios y flexibles, variables y reconfigurables, en grupos más numerosos, con dos o más docentes y amplio uso de la tecnología digital.

Con distintos nombres y variantes es lo que ya impulsan organismos internacionales como la OCDE, con el programa Innovative Learning Environments; y European Schoolnet con el proyecto Future Classroom Lab. En España lo podemos ver ya en iniciativas como Horitzó 2020, por citar solo la más conocida.

Organizaciones profesionales como la A4LE han puesto en marcha la Association for Learning Environments, políticas gubernamentales como las de Nueva Zelanda o Australia, grupos de investigación como LEaRN o ILETC, redes escolares como Teach2One, consorcios de empresas tecnológicas como Reinvent the Classroom, estudios arquitectónicos como Fielding-Nair International, fabricantes de mobiliario como Steelcase o Mirplay.

En la Universidad se abre paso con programas como TEAL (MIT), Scale-Up (North Carolina State University), Active Learning Classrooms (University of Minnesota) o Teaching and Learning Spaces (McGill University), entre otras, y, en España, con la HiperAula.ucm de la Universidad Complutense y diversas iniciativas privadas (URLUCJC).

¿Qué características tienen estas hiperaulas?

Las hiperaulas se manejan y reconfiguran como hiperespacios, en el sentido de que son espacios amplios, abiertos y flexibles, que pueden ser reconfigurados en sus tres dimensiones, albergan grupos más numerosos, que pueden descomponerse a voluntad para el trabajo en equipo o individual, y posibilitan cualquier organización temporal (la cuarta dimensión del hiperespacio) no fragmentada ni simultánea, dentro y fuera del centro.

Estas aulas digitales son contextos hipermedia, en cuanto que permiten la transición sin fricciones de lo presencial a lo digital y entre los distintos soportes y formas de este (audio, vídeo, imagen, texto).

Estos espacios en la red incorporan una hiperrealidad (aumentada, virtual, 3D, inmersiva, simulaciones…) cada vez más aproximada a la realidad misma, con un potencial creciente de aprendizaje e infinitamente superior a la pobre representación impresa (libros, mapas…).

Docencia colaborativa o codocencia

Hiperaula
Hiperaula

Un aspecto relevante que diferencia la hiperaula de una simple aula con muebles móviles es la presencia de dos o más docentes, es decir, la codocencia, que enriquece la experiencia y los aprendizajes.

Este cambio tiene implicaciones insospechadas, entre las cuales una mayor capacidad de atender a la diversidad del alumnado, la complementariedad de cualificaciones profesionales, la tranquilidad personal de no tener que responder de todo a la vez, la seguridad aportada por un contraste de criterios o una segunda opinión, un contexto idóneo para la iniciación de los noveles.

También supone un mayor grado de transparencia en el ejercicio de la función, la continuidad de proyectos y prácticas por encima de las vicisitudes personales, un mejor desarrollo profesional apoyado en el conocimiento tácito y la práctica compartida, una imagen ejemplar de colaboración ante y para los alumnos y, seguramente, una reducción de la neurosis colectiva en torno a las ratios.

Una nueva forma de aprender y unos nuevos conocimientos

Las plataformas digitales no lo son todo, se necesitan nuevas pedagogías para estos nuevos tiempos. Este nuevo entorno implica que el profesor puede, y debe, actuar en él como diseñador de contextos, experiencias, actividades y trayectorias de aprendizaje y dejar de ser transmisor de información y guardián del orden.

Estamos ante un gran desafío, pero también ante una gran oportunidad, soñada de todo educador responsable y comprometido. Hoy tenemos las herramientas para acabar con las clases tradicionales y vivir la nueva era de la educación.

La tecnología ofrece recursos enormemente más interactivos, la información está por todos sitios, el aprendizaje entre iguales es ubicuo fuera de la escuela y en torno a ella. Hemos tenido que aceptar que nuestra vida cambia en todos los ámbitos y el propio profesorado sabe ya que nada seguirá igual.

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